Truchas en tierras galesas

El comienzo de temporada en ámbitos cercanos a Trevelin y el mítico Corcovado. Muy buena pesca y emociones. Más el regalo de una trucha que midió casi 90 centímetros.

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Enorme kelt de trucha arco iris. Una vez recuperado en el lago se transformará en una locomotora de al menos 8 kg de peso. [ Ver fotogalería ]

En pesca “el que no sabe improvisar es hombre muerto”, máxima que se aplicó con suma crudeza en el inicio de la temporada truchera. Unos días antes de mi arribo, la temperatura en el Valle 16 de Octubre, o Bro Hydref para los galeses, era casi veraniega, con máximas que superaron los 26 ºC. Así surgió la idea de relevar arroyos para pesca fina, tan pequeños como desconocidos, pertenecientes a las cuencas del Chubut (vertiente atlántica) y Futaleufú (vertiente pacífica). Pero recién llegado, me recibió una nevada con un violento descenso de la temperatura, que resultó una puñalada trapera para nuestros planes. Se agregaron violentísimas tormentas de viento, con ráfagas que superaron los 100 km/h, que nos quitaron tres días completos de pesca. Y como
frutilla del postre, una lluvia bíblica con lavada de nieve, dejó a casi todos los ríos convertidos en leche chocolatada. ¡Hasta el cristalino Futaleufú, que nace de una
represa, oscureció sus aguas!

En las malas se ven los pingos, y afortunadamente mi viaje estaba sustentado por grandes conocedores como Gustavo Sinagra, Diego Zoto y Andoni Zatarain, que pacientemente me aconsejaron sobre cómo reconfigurar mi estrategia. Tendríamos que
concentrarnos en cursos que fueran cabecera de cuenca, que nacieran de lagos o vertientes inmutablemente transparentes. Paradójicamente, esta pequeña crisis (del griego krinein que significa decidir), derivó en un gran aprendizaje, y me brindó dos peces absolutamente inolvidables.

El arroyo de los saltos 
Nuestra primera opción fue el arroyo Nant y Fall, voz galesa que significa “arroyo de los saltos”. Ello refiere a sus siete cascadas, la más importante de 67 metros de altura. Este pequeño curso nace en el productivo lago Rosario y desemboca en el río Corinto. Sumamente bello y de una anatomía muy cambiante, se inicia como un flat lento, profundo, meandroso y de orillas despejadas, conocido como los bañados del Nant y Fall. Un pesquero muy técnico, pero con promesas de buenas arco iris provenientes del lago cercano. Nublado y con la superficie rizada fue imposible verlas y, consecuentemente, pescarlas. Allí nos entretuvimos con grandes pejerreyes patagónicos (40 cm promedio) que inspeccionaban las ninfas, pero que en un agua demasiado fría se negaban a tomarlas.

Tras un asado bien regado, probamos aguas abajo del puente, en un tramo cuidado de los furtivos por los ribereños galeses. Allí el río cambia por completo, cubriéndose de ñires achaparrados, suaves correderas con fondo de algas y barrancas socavadas. Me costó tomarle el punto al río, mientras mis paternaires me tejieron un sobretodo de escamas confeccionado a medida. En mi afán de hacerme el lírico con pequeñas húmedas y ninfas, era claro que lo estaba subpescando. Para tentar a las regordetas arco iris debía subir a un streamer oscuro con patitas de goma, Nº 10 u 8. Así, ninfeando estos patrones detrás de grandes piedrones sumergidos pude conectar varias arco iris, que con equipo 3 me la hicieron ver en figurillas.

Nota publicada en la edición 507 de Weekend, diciembre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

18 de diciembre de 2014

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