Todo el año es Miramar

Con cabalgatas, vuelos de bautismo, sandboard y hasta el huevo gigante para las Pascuas, esta ciudad ofrece entretenimiento de sol a sol y de enero a diciembre.

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Ver una ciudad desde el aire siempre es una experiencia emocionante. El Aeroclub Miramar ofrece vuelos de entre 20 minutos y una hora. FOTO: Enrique Abbate. [ Ver fotogalería ]

¿Qué forma puede adoptar un cuchillo? La que el creador tenga en mente, responderá Juan Carlos Ortiz cuando le preguntemos de dónde saca las ideas para estas creaciones con forma de pez, de tridente o de cortaplumas y de todos los tamaños posibles. Su taller está a unos minutos del centro de Miramar, y allí pasa sus días, trabajando en los diseños que le dicta su imaginación y recibiendo a los turistas que se acercan para curiosear y comprar sus obras. “La gente pone cara de cuchillo”, dice entre risas al referirse a lo que todos hacen cuando llegan a su taller, que es agarrar el cuchillo como si estuvieran en un duelo.

Luego de mostrarnos cómo se trabaja en el yunque bigornia y cómo se ablanda –en instantes– el metal, Juan nos da un dato antes de irnos: al dar vuelta un cuchillo envainado, nunca se tiene que caer; eso demuestra la calidad de la pieza (y es por eso que también hace sus propias vainas).

Don Holguín nos espera con los caballos ensillados y un recorrido que conoce al dedillo pero que lo sigue fascinando: una cabalgata por el llamado Vivero Dunícola, que en verdad es un hermoso bosque de coníferas de más de 500 hectáreas, que también se puede recorrer a pie y en bici. En esta ocasión estamos de a caballo, andando tranquilos por un sendero apenas ondulado mientras don Holguín nos cuenta sus vivencias en la zona. De pronto un sonido enorme, a lo lejos, que se acerca. Hacemos unos pasos, subimos una lomada y de pronto ahí está el mar (no por haberlo visto muchas veces uno deja de emocionarse). Nos quedamos en silencio, en una sencilla contemplación.

Desde el cielo 
La próxima “posta” de nuestro recorrido es un vuelo de bautismo en el Aeroclub Miramar, en este caso en un Piper biplaza, aunque también se puede volar en un Cessna y hasta en planeador. El fotógrafo se sube a la nave y aprovecha para ver la ciudad, el bosque y el mar, en un día con poco viento y despejado, mientras los demás nos quedamos tomando un café primero y recorriendo el predio después. “Maravilloso”, dice el fotógrafo cuando se baja del avión y confirma que los 20 minutos de vuelo se pasaron rapidísimo.

Lugares cercanos
El segundo día en Miramar nos encuentra yendo a las renombradas y enormes playas de Mar del Sud, balneario ubicado a 15 kilómetros de la ciudad. Es conocido por su restaurante Makarska de comidas croatas y por su antiguo hotel (hoy en proceso de restauración) y ahora también por tener un teatro nuevo y de gran capacidad de plazas donde se realizarán obras y festivales teatrales.

Nota publicada en la edición 506 de Weekend, noviembre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

27 de noviembre de 2014

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