11.000 km casi en solitario

Exigente travesía por Sudamérica para desafiar los propios límites, conocer nuevas culturas y hacer buenos amigos. Nota con video.

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Rodando en soledad 300 km de subidas y bajadas en el Amazonas, con 39°C y la humedad a tope. [ Ver fotogalería ]

Rodar en una bicicleta en medio de la selva, vivir el día a día sin preocuparse por el dinero, dar sin esperar nada a cambio, despojarse de las cosas materiales, estar tranquilo y sin miedo. En tiempos de globalización donde todo tiene un ritmo vertiginoso, estas cosas parecen sacadas de un cuento de Cortázar, aunque pertenecen al relato de mi aventura por América.

Luego de un año en el que planifiqué mi viaje, comencé a rodar con mi mountain bike y 50 kilos de lastre hacia un futuro incierto. El recorrido se inició atravesando Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy. Tras tres meses de entrenamiento, físicamente me sentí en plenitud, aunque los fuertes vientos y los calores agobiantes de febrero hacían doblegar mi promedio de 100 km
diarios en muchas jornadas.

Ya subiendo por la Quebrada de Humahuaca comencé a toparme con la altura
del altiplano. Después de un mes y medio, y 2.500 km, crucé a Bolivia, donde rápidamente comprendí que sería muy difícil lo que seguía pedal adelante. Cuestas de
20 km subiendo de los 3.500 a los 4.100 m eran habituales, lo que me generaba gran desgaste físico y mental. Llegué realmente a plantearme el regreso y a qué era lo que buscaba en una bici cargada de bolsos en semejantes caminos. A todo esto se le sumaba la complejidad del país: por ejemplo, fue imposible conseguir un inflador en semanas de viaje, y padecí problemas estomacales por falta de higiene en los alimentos y por sus formas de cocinarlos. Decidido a tomar un break con la bici, en la
reserva Eduardo Abaroa me subí a una 4×4 que me llevó a recorrer esta zona de la Cordillera de los Andes donde se encuentra el salar de Uyuni, el más grande del mundo.

Después de los peores 800 km del viaje en cuanto a su dificultad, llegué a La Paz, donde decidí escalar un pico de 6.088 m: el Huayna Potosí . Esta, sin duda, fue la situación más extrema de mi vida. A 5.200 m el dolor de cabeza, la falta de aire, las ganas de vomitar, y el frío extremo en pies y manos me hicieron replantear qué necesidad tenía de seguir probando mis límites, por lo que regresé en plena oscuridad.

Nota publicada en la edición 505 de Weekend, octubre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

30 de septiembre de 2014

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