Mundo gigante

Un recorrido por Los Altares, en el centro de la provincia de Chubut, muy cerca de donde se encontró el dinosaurio más grande del mundo. También, cultura galesa.

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Primer plano de los murallones de piedra en la zona de Los Altares. FOTO: Néstor Grassi. [ Ver fotogalería ]

Ventanilla-ventanilla-ventanilla-ventanilla. Amarillo-amarillo-amarillo. Estepa-estepa-estepa. Alguna ondulación. Piedra-piedra-piedra. Murallones. Más murallones. ¿Qué nos quiere decir este paisaje? ¿Testigos de qué han sido estas enormidades de piedra de color ocre y líneas verdes que se yerguen a cada lado del camino? Vamos por la ruta nacional 25, hacia la comuna Los Altares, que debe su nombre a unas formaciones de piedra que remiten a ciudad perdida, a historia, a ofrendas. El sol que al principio parecía esquivo se ha desplegado con todo su esplendor, rebotando su luz sobre este paisaje estepario, imponente, árido y hermoso, atravesado por el río Chubut. Los Altares tiene una población de aproximadamente 200 habitantes y está ubicada en el punto medio entre las ciudades de Esquel y Trelew. Hay un proyecto para declararla Area Natural Protegida con la idea de preservar este paisaje
único, sitios con pinturas rupestres y bosques petrificados.

Lugares para visitar 

Caminamos entre las piedras y nos detenemos ante la enormidad de estos murallones que son de otra dimensión, como de otro mundo. Metros y metros de muro vertical (¿50, 70, 100 metros?). En el Museo de Mineralogía de Los Altares nos explican que los hilos verdes que atraviesan los murallones se llaman tobas y que son cenizas
volcánicas que se van depositando y que, con el tiempo, se convierten en roca. Datan del período Cretácico inferior, es decir que rondan los 140 millones de años.

Subimos a un cerro, por el simple placer de andar, y al llegar a la cima el paisaje se abre para nosotros, nos muestra la sinuosidad del río, la enormidad, el viento que ha
ido tallando esta postal. Llegamos hasta la Barranca de los Loros y nos quedamos un buen rato disfrutando del silencio. Allí, al pie de una cruz que han levantado como símbolo de fe, hay bien guardado bajo las piedras un cuaderno para que los visitantes que llegan hasta el lugar dejen sus impresiones. Echamos una mirada a esos testimonios tan variados –desde escolares hasta extranjeros– y la mayoría coincide en el éxtasis ante el poder de la naturaleza. Es, quizás, paradójico, porque estamos frente a una cruz. Pero el ser humano es inesperado y contradictorio, así que también dejamos nuestra firma en ese cuaderno ávido de palabras.

El recorrido nos lleva ahora a una cueva con pinturas rupestres cuyo origen no se sabe a ciencia cierta pero ahí están: extraños símbolos que no parecen tener relación directa con lo que podría haber visto el artista: ni guanaco, ni ñandú, ni nada por el estilo. Los arqueólogos aún están estudiando su procedencia e intentando descifrar el mensaje, mientras tanto, como turista lo ideal es quedarse contemplando esta obra ejecutada por los antiguos de la zona. Un misterio más en este paisaje lleno de sorpresas.

Nota publicada en la edición 504 de Weekend, septiembre de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

15 de septiembre de 2014

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