El Pantanal: una sorpresa a cada paso

Recorrido por un ambiente donde la naturaleza es absoluta protagonista, ganando el espacio con su exótica fauna y su colorida flora. Nota con video.

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El horizonte es enorme. La extensión de estas llanuras llega hasta que la vista se cansa. Los inmensos ríos vierten sus aguas en esta vasta planicie baja, formando un gigantesco pantano de más de 200.000 km cuadrados, convirtiendo al Pantanal en el humedal más grande del planeta. La mayor parte se encuentra en los estados de Mato Grosso y Mato Grosso Do Sul, en Brasil, y en menor proporción en Paraguay y Bolivia.

El Pantanal permanece inundado casi la mitad del año, y en la época seca (abril a septiembre) escurre sus aguas dando paso a la mayor biodiversidad en flora y fauna de agua dulce. Con estas referencias y la promesa de encontrar este gran tesoro, nos juntamos en Eldorado para emprender el viaje a la tierra de los pantanos.

Muy temprano la caravana de siete camionetas partió con rumbo a Paraguay y transitamos rutas en zonas muy productivas y prolijas. Algunas construcciones de casas y galpones muy diferentes, nos indicaban que estábamos en tierras de menonitas.

En un parador, un grupo de jovencitas de mejillas sonrojadas y rubios cabellos trenzados conversaban animadamente. Vestían camisas con mangas largas y polleras sueltas. En otro sector, los varones –tez muy blanca, cabellos cortos y prolijamente peinados– lucían trajes de domingo. La dueña del restaurante nos mostraba su granja con orgullo, mientras terminaban de servir la mesa. Olorcito a chipá recién horneado se mezclaba con una linda música con ritmo de arpas. Después del rico almuerzo con sabor paraguayo, seguimos en ruta.

Sorpresivamente, en medio del llano se elevaban, casi como salidas de un molde, las sierras de Amambay. Parecen edificios, antiguas construcciones. Como grandes bloques que se yerguen interrumpiendo el horizonte para entretener el paisaje. Este curioso cordón montañoso nos anuncia que estamos entrando en Brasil, ya que es el límite natural entre los dos países.

El paraíso sumergido 

El madrugón valió la pena. En la fazenda Río da Prata nos estaban esperando. Un guía local nos dio una breve charla acerca de lo que sería nuestra experiencia en el lugar, declarado Reserva Particular del Patrimonio Natural, siendo el ecoturismo su principal actividad.

Nos dieron trajes de neoprene, luneta y botitas. Los grupos no superan las 10 personas y todo estaba muy organizado. Subimos a un camioncito de andar cadencioso y preparamos las cámaras fotográficas. Hay que estar muy atentos y transformarse en un buen cazador de imágenes, ya que los animales pueden estar bien mimetizados.

Pronto hicimos puntería en un oso hormiguero gigante, que caminaba tranquilo entre los pastizales mostrando su enorme cola. Y luego seguimos hasta el sendero en donde comenzaría el trekking. Caminamos en medio de un bosque autóctono, entre árboles centenarios, orquídeas, bromelias y hongos de las más variadas formas y colores. Con paciencia es posible ver en las a lturas a los monos capuchinos y a gran variedad de aves. Y hasta cruzarse con algún coatí.

Nota publicada en la edición 502 de Weekend, julio de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al tel.: (011) 4341-7820 / 0810-333-6720. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

30 de junio de 2014

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