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Pese a las aguas turbias

Una pesca en La Paz tuvo sorpresas pese a la cantidad de tierra que viajaba en el agua. Galería de imágenes.

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Informes recibidos de la ciudad entrerriana de La Paz nos anticipaban que se habían comenzado a mover cardúmenes de surubíes en la zona. Entonces nos pusimos en marcha y un martes de marzo arribamos a las 7 de la mañana. Tras el desayuno de rigor nos dirigimos al puerto, donde nos aguardaba el espacioso trucker del guía Aníbal Bahler. Estaba equipado con un motor Yamaha de 70 HP y un pequeño motor eléctrico auxiliar de 70 libras que sería de gran utilidad para corregir, en absoluto silencio, la trayectoria de la lancha cuando la dejábamos a la deriva. La navegación la iniciamos por el riacho Espinillo y a unos 30 minutos de recorrido hicimos la primera parada. Durante todo el día probamos en varios lugares del curso, e incluso salimos al río Paraná, pero los mejores resultados los obtuvimos en el Espinillo.

El surubí se puede pescar con señuelos (haciendo trolling) y con carnada anclado o gareteando (pindá). El aparejo a utilizar es sencillo: un anzuelo de pata larga número 8/0 o 9/0 bien afilado y un pequeño leader de unos 30 centímetros, más un esmerillón N° 1 o 1/0 que hará de destorcedor. El leader no se agrega porque el surubí pueda cortar la línea, sino porque a veces puede picar un dorado. Sobre el nailon del reel se coloca un plomo pasante que puede ser de 20 a 40 gramos, dependiendo de la fuerza de la correntada.

Todo listo

Cuando se llega a la zona de pesca conviene superarla varios metros para luego detener la lancha y dejarla derivar por acción de la corriente, tratando de que nuestros aparejos pasen por los veriles y pozones del banco, que es donde se ubican los peces a la espera de las posibles presas que son arrastrados por las turbulencias que forma la correntada (correderas). La línea se arroja a unos 30 a 40 m de la embarcación, y se le sigue dando nylon, siempre manteniendo el control del plomo, hasta unos 70 a 80 metros. Por tal motivo, cuando entra al pozón se nota la caída de la línea con una aflojada del nailon y queda más perpendicular a la lancha. Las carnadas que utilizamos fueron morenas y cascarudos, llevándose las palmas las primeras, con las cuales obtuvimos la mayoría de las capturas. El pique era muy sutil, como si primero probara la carnada. Por esa razón no había que apurar la clavada. Luego de los primeros toques arrastraba en forma decidida y ahí era el momento de clavar.

Variada de costa

La jornada fue exitosa. Capturamos varios surubíes y otros tantos se desprendieron cerca de la embarcación, pero se disfrutaban igual. Al llegar el mediodía el pique se había cortado y como es costumbre de los lugareños prepararon un exquisito asado en la isla, comandados por Víctor Vico y Daniel Vega, dos de los guías amigos que participaron de la salida y que dieron sobradas muestras de su capacidad para elegir los lugares. Mientras preparaban el almuerzo nos dedicamos a la variada desde la costa. Y no faltaron a la cita armados, grandes morenas y los infaltables bagres. Como no teníamos carnada pequeña, apelamos al tarrito de Mortífera que siempre llevo en mi bolso de pesca.

Nota publicada en la edición 499 de Weekend, abril de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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