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La siempre rendidora Melincué

La gran laguna del sur santafesino es un deleite para quienes la sepan pescar. Galería de imágenes.

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La laguna de Melincué se encuentra al sur de la provincia de Santa Fe, distante 335 km de la Ciudad de Buenos Aires, 120 km de Rosario y 60 km de Venado Tuerto. En este momento tiene una superficie de 12.000 hectáreas. El color de sus aguas es marrón oscuro debido a la gran cantidad de minerales que posee. Tiene zonas donde la profundidad llega a los 3,50 m. A un costado de la laguna se encuentra el viejo Hotel Balneario, todavía bajo el agua, junto a palos que demarcaban campos e islas, que de acuerdo con el capricho de la naturaleza afloran fuera del agua o permanecen hundidos, lo que hace que la navegación se deba realizar con cuidado.

Melincué recibe agua de lluvia de arroyos tributarios. En caso de que el volumen sea consideable, por medio de bombas se vuelca a un canal que desemboca en el Paraná Pavón, evitando que se inunde el casco urbano y los campos aledaños.

Una llamada del guía Diego Guaper nos alertó sobre los pejerreyes que se estaban pescando en la laguna de Melincué. Tenía pocos datos de este espejo, solamente la pesca vadeando que había hecho Wilmar Merino. Recién este año se dejan botar embarcaciones al espejo a través del Club Náutico Melincué, establecimiento que dispone de una muy buena bajada e instalaciones para disfrutar de un día de camping al aire libre.

Al llegar, cerca del mediodía, nos encontramos con las autoridades de Club, Carlos Goniel y Aníbal Achondo. Y con el guía local Héctor Yuyo Gómez, quien nos comentaba que Melincué no era una laguna fácil: un día se pesca bien y al siguiente no tanto. También nos informó que los intentos se hacen gareteando, que los pejerreyes picaban bien arriba y  que eran de buenos portes, algo que constatamos al ver la llegada de un bote que había pescado a la mañana y tenía media docena de ejemplares muy buenos.

Fuimos hacia la bajada de lanchas y preparamos nuestros equipos. Usamos cañas de entre 4 y 4,50 m de largo, telescópicas y de enchufe. Les colocamos reeles frontales de carretes anchos (recogen más metros por vuelta de manija), cargados con nylon 0,23/0,26 mm (flota solo o con un poco de flotalíneas) o multifilamento 0,14/0,18 mm, que pasamos por los pasahílos. Embarcamos en dos lanchas: Marcelo y Walter en una, y Yuyo, un matrimonio amigo y yo en la otra. Salimos por el canal de acceso a la laguna. El día se presentaba soleado, con vientos regulares del sector norte, por lo que a esa hora de la mañana podríamos usar cualquier color de boyas (tendríamos el sol de arriba y no molestaría para verlas). El tono del agua era oscuro debido a la presencia de yodo y sales, por lo que deducimos que tendríamos que poner carnadas grandes para que los pejerreyes puedieran divisarlas.

Al llegar al lugar elegido (una zona profunda ubicada después del banco de una isla hundida), arrojamos el ancla para garetear la laguna, colocando la soga en la mitad de la borda.

Todas las líneas tenían boyas de madera balsa palito desigual y tipo cometa. Estaban confeccionadas sobre nylon 0,35 mm, con una separación entre boyas de 1,40 m, rotores giratorios y brazoladas armadas con nylon 0,26/0,30 mm en anzuelos Owner Unagi N°1 y 1/0. Pescaríamos corto a 10, 15 y 20 cm, encarnando con mojarra pasada de cabeza a cola y haciéndole colgar un filet de dentudo de 1,5 por 7 cm de largo, sin usar puntero.

Nota publicada en la edición 499 de Weekend, abril de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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