Una salida relámpago hacia el sur

El paraje La Caída demandó más de 90 km de viaje y un tráiler de 35 kg para poder cargar todo lo necesario. Nota con video.

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La propuesta era acorde al pronóstico de altas temperaturas. La zona elegida fue el nacimiento del arroyo Vitel, en el paraje La Caída, que nos demandaría unos 90 km. Un lugar bien solitario que nos forzó a llevar un tráiler con 35 kg de carga, lo que retrasaría el ritmo de marcha, pero también nos daría otra autonomía líquida.

Con Silvia, Paola, Norberto, Rodrigo y Carlos partimos temprano de Alejandro Korn por la ruta 210, con la intención de bajar a la tierra en Domselaar, pero por la falta de tráfico y el viento de cola decidimos seguir hasta Brandsen, donde llegamos tras 25 km. Allí bebimos, comimos fruta y partimos por la ruta 29. Ese breve tramo ya se complicaba por el tráfico, por lo que luego del puente sobre el Samborombón seguimos por caminos rurales. Aribamos a Jeppener con 39 km y 41 °C. A partir de allí solo podríamos cargar agua en las estaciones siguientes. Así que nos fuimos de compras: fruta, hielo, agua, pan y cerveza… no todo es sufrimiento en la vida de un biker.

Con la conservadora a full, dos bolsas de hielo, carbón, más toda el agua posible (unos 40 kg a cuesta) partimos hacia Altamirano, para luego seguir hasta una lagunita que bordea el terraplén del ferrocarril. Como no se ve desde el camino es poco conocida y ya varias veces nos habíamos divertido con taruchas. Estacionamos a la sombra, preparamos cañas, señuelos, trepamos y nos encontramos con una lagunita casi seca, convertida en un charco hediondo.

Camino a ser impresentables

Resoplando volvimos al camino. El GPS de Rodrigo marcaba 45,8 °C, y la mezcla viento caliente-solazo terrible nos aplastaba. Apenas salidos de Jeppener, un huellón casi me tumba con bici y todo, lo que motivó que la carga se corriera. Sumado a las camas de polvo del camino seco el resultado era que mi Merida se espantaba para cualquier lado. Convengamos: lo lógico era viajar más despacio, pero el viento empujaba e ir con un tráiler con 40 kg de carga por la tierra a más de 25 km/h no es cosa de todos los días.

Para darle más condimento nos pasó un semirremolque: la nube de polvo fue tan consistente que su combinación con transpiración más bloqueador solar nos convirtió en impresentables. Llegamos a la estación Gándara hechos un asco y, literalmente, nos bañamos en la canilla luego de saludar al jefe de esa parada ferroviraria. Era nuestro último puesto de reaprovisionamiento, por lo que cargamos agua en todas las botellas posibles.

Llegados al puente sobre el arroyo con 86 km, yo ya me sentía un poco flojo y tuve que recurrir a unos caramelos a los que ni siquiera podía sacar el papel. Bajamos del camino para bordear el arroyo, pero el cansancio y pedalear con tráiler por la senda donde los yuyos me frenaban empezaron a comer mi energía. A medida que avanzábamos el arroyo estaba más ancho y lindo. Tuvimos que pasar varios alambrados levantando el tráiler, hasta llegar a un lugar perfecto para acampar. Eran casi las 17:30 y esos últimos kilómetros habían sido mortales, pero estaba fresco: solo 38 °C de térmica. En segundos nos encontrábamos todos en el arroyo refrescándonos, y minutos después armando el campamento con fuego encendido para espantar mosquitos.

Nota publicada en la edición 498 de Weekend, marzo de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

 

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