Una visita a Laguna de los Padres

Un lugar donde ser pueden disfrutar de pequeños muelles, clubes de pesca y cabalgatas. Galería de imágenes.

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Por lo general, aquellos veraneantes que optan por Mar del Plata o alrededores como destino vacacional, algún día dedican para visitar la cercana zona serrana, un clásico a la hora de elegir alternativas diferentes.

La Reserva Integral Laguna de los Padres es un apacible lugar cuando se busca recreación y descanso en contacto con la naturaleza. Un camino de acceso, albergado por tupidos eucaliptus, permite pasar por el vivero municipal que abastece con flores y plantas a las plazas de la ciudad de Mar del Plata (se puede visitar y hay venta de especies al público). A escasos metros de este predio, divisamos la laguna desde un leve promontorio cuya altura brinda una excelente vista. Un tranquilo espejo que ofrece paseos en bote y pesca embarcada de pejerreyes, dientudos o bagres. “Es una laguna de unas 400 hectáreas –nos comenta Jacinto, oriundo de estos parajes y una suerte de guía local– y tiene una profundidad máxima de 5 metros. Las zonas de juncales y totoras están habitadas por patos, cisnes, gansos y numerosas aves acuáticas”.

Tomamos el camino circundante que lleva por un añejo bosque de araucarias poblado con sectores de mesas y fogones, pequeños muelles, clubes de pesca, alquiler de embarcaciones, bicicletas, caballos y cuatriciclos, y la pista de remo donde se practica remo, canotaje y windsurf. En la ribera noreste se encuentra una reconstrucción de lo que fuera la Reducción de Nuestra Señora del Pilar, levantada por los padres jesuitas en 1749 (de allí el nombre “de los padres” a toda la región) como primer intento de evangelización en la zona. Visitamos los ranchos utilizados como vivienda, la capilla y las construcciones menores. El solar cuenta también con sanitarios y un pequeño bar.

Frente a este reducto histórico, hay buenos lugares para tomarse un descanso y saborear unos mates en compañía de excelentes vistas de la laguna. Entramos con el auto, como la mayoría, y aun desde adentro del vehículo (por si hace frío) la postal es magnífica. Un cercano camino secundario propone visitar El Curral, reservorio natural estricto de unas 100 hectáreas donde se cobija al curro, arbusto espinoso que actúa como protector del suelo contra el desgaste erosivo. Solo se puede acampar en los sitios permitidos y está prohibido bañarse en la laguna por razones de seguridad.

A las sierras

Salimos de nuevo a la ruta (también se puede tomar el camino interior que es de tierra, pero en buen estado) para ir a la vecina Sierra de los Padres, pintoresca localidad a la que se ingresa por un recto camino que lentamente trepa por suaves formaciones serranas. En el trayecto encontramos lugares para comer, algunos comercios, venta de regionales, puestos de verduras y hortalizas de las quintas zonales, y el minizoo El Paraíso que funciona como estación de reproducción y crianza de animales autóctonos.

“Sierra de los Padres crece año tras año –afirma don Fernando, pionero habitante y propietario de uno de los kioskos del poblado– y se ve en los chalets, residencias y casas de fin de semana que van apareciendo.” Es que aquí todo semeja a un pequeño rincón cordobés, con callecitas zigzagueantes que suben por las laderas serranas entre copiosa vegetación de pinos, aromos, eucaliptus, fresnos y sauces. También hay un agradable centro comercial y varias parrillas para degustar un sabroso asado o un chivito al asador. Caminatas, cabalgatas o paseos en bicicleta y cuatris, son las propuestas predilectas. Para los más arriesgados, los vuelos en parapente y las escaladas en roca resultan experiencias inolvidables. Un sendero lateral conduce al Golf Club, que cuenta con 18 hoyos a disposición de socios y visitantes, con greens angostos y fairways quebrados.

Nota publicada en la edición 497 de Weekend, febrero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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