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Un crucero por el azulado sur

Entre las zonas más frías del país y de Sudamérica, un crucero ofrece recorrer los lugares más espectaculares. Galería de imágenes.

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Acodado a la baranda, sobre una de las cubiertas de babor del enorme crucero, me quedé contemplando ese rincón inhóspito. El cielo limpio permitía divisar con claridad el centenario faro del Cabo Vírgenes, ubicado justo en el mismísimo confín continental del territorio argentino, ya que más hacia el sur de ese punto el país extiende sus dominios sólo a nivel insular, ocupando la parte oriental del archipiélago de Tierra del Fuego. Ese faro marca además la entrada al Estrecho de Magallanes, cuyo nombre recuerda precisamente al marino portugués Hernando de Magallanes, quien descubriera este paso oceánico que une las aguas del Atlántico y el Pacífico. La historia refiere que el navegante europeo llegó hasta allí el 21 de octubre de 1521, el día de las once mil vírgenes según la mitología católica, por lo que se decidió bautizar con el nombre de Cabo Vírgenes al tramo de tierras que se adentraba en el mar justo a la entrada del Estrecho.

Allí, en ese lugar en donde azotan los vientos, se fundó poco tiempo después la colonia de Nombre de Jesús, que fuera la primera población española en suelo patagónico y cuyos habitantes perecieran casi en su totalidad por el hambre y el abandono. Ubicado en el mismísimo lugar de la vieja tragedia española, el faro se levantó en 1904 con la idea de guiar a los barcos que, como el nuestro, se adentraban en el Estrecho de Magallanes en dirección al poniente. Lento, navegando sobre un mar extrañamente calmo, el crucero empezó a cruzar ese paso magallánico repleto de leyendas.

La partida

La navegación hacia los confines se inició en el puerto de Buenos Aires. Bajo un cielo totalmente despejado, zarpamos en horas de la tarde en el Zaandam, un barco de 220 metros de eslora y diez pisos de altura que tiene capacidad para 1.350 pasajeros y forma parte de la flota de cruceros de la naviera Holland America. Preparado especialmente para navegar en los mares patagónicos durante todo el verano del Hemisferio Sur, el navío cumple un recorrido regular de 15 días entre Buenos Aires y el puerto chileno de Valparaíso, siguiendo un rumbo que orilla primero la costa argentina del Atlántico y cruza luego al Pacífico, justamente a través del Estrecho de Magallanes, desde donde se interna en los fiordos chilenos.

Luego de salir de Buenos Aires, Montevideo fue la primera escala del viaje. Promediando una velocidad de doce nudos horarios, el Zaandam llegó a la capital uruguaya en las primeras horas de la mañana del segundo día de navegación y se quedó en el puerto durante más de doce horas, lo que me permitió caminar sin prisas todos los rincones de la Ciudad Vieja, nombre tradicional con el que se conoce al antiguo casco montevideano.

Nota publicada en la edición 497 de Weekend, febrero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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