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Las truchas en febrero

Cómo lograrlas en este mes en el que suelen ser algo difíciles de pescar. Galería de imágenes.

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Salvo casos muy especiales, como las sea trouts en el río Grande, febrero es el peor mes para pescar salmónidos en la Patagonia. Para la mayoría de los pesqueros resulta, por lejos, el lapso más pobre de la temporada. El estiaje y las altas temperaturas afectan a innumerable cantidad de ríos y arroyos. Los lagos, calientes y estratificados, caen en un profundo pozo de rendimiento, con el grueso de los peces refugiados en aguas más hondas, lejos del alcance de una mosca. Un proceso cada vez más marcado con el advenimiento del calentamiento global.

A pesar de la gran amplitud de horas-luz, los períodos de pesca “realmente efectivos” quedan acotados a los primeros y últimos treinta minutos del día. Esta es la causa por la que el aficionado debe estar preparado en el mejor lugar posible, y actuar rápido para tener éxito. La clave es ser el hombre justo, en el momento justo. A esta altura del año, la acumulación de la presión de pesca pisa fuerte, y las truchas se ponen cada vez más ariscas y esquivas.

A pesar de ello no debemos desesperar, ya que existe una serie de premisas y trucos que pueden dar vuelta la taba. A continuación repasamos algunos de los más importantes.

Puntas del día

Cuando se dé la combinación de mucha luz y calor, es probable que el 80 % de sus posibilidades de pesca se concentren en la primera y última hora del día. Sobre todo, si hablamos de lagos…

Un momento clave es el amanecer, donde el fresco de la noche puede generar un repunte matutino del pique. No sea flojo, levántese de noche, amanezca en el lugar y aproveche los primeros treinta minutos del día como si fueran oro. Como dice un amigo: “Muchos peces solo son engañables antes del primer orín de la mañana”.

La tarde también es buena, aunque no tanto por la acumulación de calor a lo largo del día. Pero con un frente fresco del oeste, que disminuya la temperatura del agua unas décimas de grados, puede ser igual o más rendidora que la mañana.

En febrero los días son interminables y no existe peor idea (a no ser que un insecto terrestre sea dominante), que pescarlos por completo. Madrugue, acuéstese tarde, y en el medio, haga familia o tome una siesta reparadora.

Si está en un río en un tórrido febrero soleado… deje de pescar y ¡aproveche a mirar! Con luz cenital suba a un lugar alto y observe a los peces. Vea cómo se mueven, o cambian de actitud o posición. Dé vuelta piedras, mire la superficie e interiorícese de los insectos acuáticos que habitan el lugar. Busque insectos terrestres en las márgenes, y compárelos con los que hay en su caja de moscas. Observe y use su materia gris para sacar conclusiones.

Ese ejercicio le hará comprender mucho más el ambiente, y le proporcionará información muy valiosa para actuar correcta y rápidamente en los momentos que determine como claves.

En noviembre o abril, una eclosión puede darse al mediodía y durar horas. En febrero no pasa de 20 minutos y todo sucede rapidísimo. No hay tiempo para ajustar sobre la marcha. Aquí, el ingresar al agua muy ajustados y afilados está íntimamente relacionado con el punto anterior.

Nota publicada en la edición 497 de Weekend, febrero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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