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Cuba, entre tiburones y La Habana

Un viaje submarino a uno de los países más hermosos del mundo. Galería de imágenes. Nota con video.

Desde tiempo atrás, Luis Pérez Suárez, para los amigos el Uru (por uruguayo) me venía insistiendo para ir a bucear a los Jardines de la Reina, en Cuba. “Claudio, vos que buceaste en tantos lugares, no podés desconocer Jardines”, decía, y si bien estuve en ese país, no había buceado esa zona.

Junto a Gabriel Bustamante organizamos el viaje. Dos años atrás estuvimos buceando en el Pacífico, con las famosas mantas que llegan a los 6 m (ver Weekend N° 469). A fines de octubre del año pasado volamos a Cuba, vía Panamá, junto al Uru y Sergio Linares Priotti.

Arribamos a La Habana a medianoche y tres horas después nos recogieron con el ómnibus para llevarnos a Jucaro, antiguo puerto azucarero. Algunas décadas atrás, Cuba era el principal productor mundial de azúcar.

Tras siete horas de viaje llegamos a destino. Y para mi sorpresa subimos al Avalon, un buque insignia de 32 m de eslora que lleva el nombre de la compañía italiana responsable de la aventura de buceo.

El barco es brillante, con camarotes amplios que incluyen baño y aire acondicionado, una barra y hasta jacuzzi en la cubierta superior. En total fuimos 15 buceadores, entre una pareja de mexicanos, chilenos, americanos y europeos, nuestros compañeros durante los cinco días de aventura.

Navegamos más de cuatro horas por el mar Caribe completamente calmo. Recordé que, en cambio, durante el recorrido anterior por el océano Pacífico, Gabriel se la pasó descompuesto durante casi las ¡36 horas que duró la primera etapa del viaje!

La primera cena nos recibió con un atardecer del trópico impagable. Las nubes fueron cambiando de tono, hasta volverse rojizas, aun cuando el sol se hundió en el mar. La sobremesa sirvió para alternar con nuestros nuevos compañeros, por lo que no faltaron las anécdotas y las experiencias vividas de cada uno de nosotros.

¡Sumergirse!

A las ocho de la mañana nos encontramos en popa con nuestros dive masters, quienes se encargaron de la introducción al buceo de la jornada. Con el destino de Cinco Mares, partimos hacia la primera buceada, por lo que chequeamos presión de aire, reguladores y el chaleco compensador.

Cada inmersión me llena siempre de un nuevo conjunto de emociones, esa expectativa de lo que veré, la atención necesaria para no cometer errores, entre otras cosas. Hay que estar muy atentos.

Cerca de los 20 m no pude reprimir un grito de alegría, entre Gabriel y yo pasó un tiburón del arrecife caribeño. ¡Qué emoción bucear otra vez con tiburones!, admirar cómo se desplazan, casi sin mover el cuerpo, mientras su majestuosa silueta se destaca contra la superficie. Repentinamente, fuimos rodeados de más y más tiburones. Es una experiencia única, que sólo se terminará de conocer si se la practica. Después de un rato, la computadora me señaló que debía salir, por lo que emergí.

Transcurrido el tiempo necesario para liberar especialmente el nitrógeno en sangre, nos dirigimos a la Finca de Pepe, conocida por los grandes meros que habitan el fondo. En esta segunda salida de buceo, la visibilidad no fue buena.

Nota publicada en la edición 497 de Weekend, febrero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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Un comentario en esta nota

  1. BELEN RIESCO | 17/02/2014 | 9:00 PM

    Hola, me gustó muchisimo la nota.
    Con mi novio somos amantes del buceo y nos encantaría poder realizar esta travesía en Cuba.
    Me podrían facilitar el nombre de la empresa con la que lo realizaron, ya que encuentro varias en internet, pero según lo que leí en vuestra nota, la empresa con la que hicieron el viaje es altamente recomendable.

    Aguardo su respuesta.
    Muchas gracias!!

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