Los gigantes africanos

Una apasionante caza mayor en el continente, siempre apuntando a los grandes. Galería de imágenes.

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En 2012 realicé, junto a un amigo, un hermoso viaje a Africa. Era mi segunda experiencia, y al igual que en la primera oportunidad lo pasé muy bien. Ante la pregunta de algunos amigos sobre si volvería o no, siempre dije que quizás sí, pero antes tenía otros objetivos, tales como Canadá, Alaska y centro de Europa, y ahí quedó todo.

Un par de meses más tarde, dos buenos amigos concurrieron a una cena del Safari Club Internacional (SCI) y compraron en remate un par de donaciones: Fernando Ruiz adquirió una cacería de elefante en Zimbabwe, y mi taxidermista, Eduardo Padovani, de antílopes en Sudáfrica. En uno de los tradicionales asados de los viernes de Eduardo, ambos cazadores me dieron una vuelta de manija para que los acompañara, y yo, como un viejo Ford T, arranqué despacito y fui tomando velocidad. Claro que esta vez, sin fondos suficientes, solo fui de fotógrafo y observador. Y el viaje se armó para la primavera de 2013.

Primer destino, Zimbabwe. En Ezeiza se despacha el equipaje directo a destino por South African Airlines, aunque se hace conexión en Johannesburgo. De esta manera uno se libera de engorrosos trámites y puede moverse con las manos libres.

Primero, elefantes

Arribamos a Harare, capital de Zimbabwe. En el aeropuerto nos esperaba Derek Adams, nuestro PH. Y luego de 5 horas de marcha llegamos al lodge Murara Camp –ubicado en Dande, al sur del río Zambezi–, el destino de Fernando, pues todos los demás éramos turistas. Tuvo su primera conversación con el PH y acordaron que la cacería de elefante sería la prioridad, y que luego de obtenerlo podría acceder, si quería, a otros trofeos.

Como realmente era su principal objetivo, Fernando llevó su CZ 458 Lott, customizado magistralmente por el armero Rubén Giacone, y que con mira abierta colocaba cinco impactos en 2 cm a 50 m.

Por lo sutil de esta cacería, los turistas nos quedamos en el campamento o a lo sumo en la camioneta si es que los acompañábamos un trecho. Cualquier ruido podía malograr la aproximación y ya iba mucha gente, porque aquí, además del cazador y PH, siempre acompaña un ranger del gobierno, para fiscalizar que no se maten hembras ni nada fuera de las licencias.

Cazador y guía recorrieron todo tipo de terreno: montañas, cauces secos de ríos y montes espesos, siempre detrás de algún rastro que prometiera un buen macho grande. Sabíamos que la zona no era de marfiles de 45 o 50 libras, pero intentaríamos algo bueno. En cuatro días Fernando gastó la suela de sus botines comprados especialmente para este viaje, por lo que hubo que recurrir a los viejos que trajo de repuesto.

Todos los días llegaba con un enorme cansancio. La comida no era abundante y tampoco el agua, por lo que siempre estaba un paso atrás en su energía. Y las habitaciones, aunque confortables, tenían la costumbre de sorprendernos cada tanto con un escorpión, por lo que el sueño a veces tardaba en venir.

Nota publicada en la edición 496 de Weekend, enero de 2014. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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