El nacimiento del fusil automático

La historia de estas armas de fuego parecen tener su origen en Europa, pero nacieron en México.

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En los finales del siglo XIX, México se encontraba inmerso en una serie de luchas internas que derivaron en la llamada Revolución Mexicana en el año 1910. Con Porfirio Díaz en el poder –ejercido en manera dictatorial– era menester dotar al ejército de armamento moderno para enfrentar el conflicto que se avecinaba.

Un general porfirista –Manuel Mondragón, experto en armamentos– recibió en el año 1882 una petición del dictador para desarrollar un fusil de avanzada. Cinco años después presentó la patente del llamado en ese momento “Fusil Porfirio Díaz Sistema Mondragón”, acorde al culto de la personalidad imperante en esa época.

El arma en cuestión poseía un sistema accionado por toma de gases, al igual que cualquier moderno fusil de asalto. Un selector instalado en la manivela de accionamiento permitía dispararlo en fuego semiautomático o en ráfaga continua, a elección del operador. Tenía un cerrojo rotativo que se movía mediante tetones que encajaban en estrías helicoidales de las paredes del cajón de mecanismos.

Las partidas iniciales fueron encargadas a la Schweizerische Industrie Gesellschaft (SIG), ya que México carecía en ese entonces de la infraestructura para producirlos. Los primeros ejemplares fueron entregados en el año 1901 y venían equipados con un cargador de quita y pon de 8 cartuchos calibre 7×57 Máuser, los que pronto fueron reemplazados por otros con capacidad de 20 cartuchos.

Nota publicada en la edición 494 de Weekend, noviembre de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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