La gran aventura del parapente

Una actividad que sólo dejará los mejores recuerdos, a las personas que se animen a practicarla. Galería de imágenes.

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Los brazos impulsan hacia abajo las fibras que sostienen la vela. Los cables se tensan más y compensan el envión antes de la caída. Ese instante último de flote, antes de poner el primer pie sobre la tierra, condensa la emoción y los nervios, la adrenalina contenida. Algunos gritan como en el despegue, otros simplemente lagrimean. En la memoria se atesoran paisajes en miniatura sobre un horizonte infinito, la sensación mágica de un cielo calmo, la compañía de aves en tramos del vuelo, el vaivén caprichoso del cuerpo en las corrientes, el silencio y el viento fresco en la cara… bienvenidos al debut en parapente.

Como en todas las disciplinas, no se sabe con exactitud quién fue el pionero ni dónde se le dio vida. Hay quienes dicen que el parapente nació a fines del siglo XX por la inventiva de algunos atrevidos montañistas, que cansados de regresar a tranco lento desde los cerros decidieron “flotar” las laderas. Primero, claro, con instrumentos precarios y heridas considerables. Pero luego impulsando el desarrollo de un deporte. Su fantástica experiencia lo ha hecho sobrevivir y con el paso del tiempo la tecnología ha posibilitado enormes recursos para pasar de aquellos viajes experimentales a avezados pilotos y equipos, que contagian cada día más la actividad, fogoneada de boca en boca por amigos y familiares de quienes ya la practican, y multiplicando lugares de enseñanza en el país. “Hoy somos unos 2.000 parapentistas en la Argentina, y el incremento ocurre en una actividad que es recreativa pero también creativa: se vuela en todos lados, despegando desde cerros y montañas pero también desde el llano gracias a remolques que te elevan 300 o 400 metros. Lo importante, es poder volar”, cuenta Marcelo Bozzo, vicepresidente Federación Argentina de Vuelo Libre (FAVL) y presidente del Parafly, el club más reconocido, con 150 socios.

Como él afirma, además de los clubes ubicados estratégicamente en colinas con buenas corrientes, en casi todos los lugares hay grupitos que se juntan y organizan salidas. “Estamos en pleno crecimiento, pensá que sólo en Francia hay 40 mil pilotos. Pero acá tenemos excelentes lugares en varias provincias, como Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, San Luis y la propia Buenos Aires, con escuelas y guías expertos para quienes se inician, y otros que realizan la actividad en el resto del país en lugares que ni conocemos”.

Nota publicada en la edición 494 de Weekend, noviembre de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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