10.000 KM a través de Brasil, segunda entrega

Una apasionante aventura a través del deslumbrante país vecino, a través de playas y selva. Galería de imágenes.

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Noche con luna llena. El aire está cálido y perfumado. Estamos detenidos y mateando, en un camino muy poco transitado. En los mapas figura como ruta, pero se ve que eso fue hace tiempo. Ahora el asfalto se ha perdido para dar paso a la aventura. Quienes sí transitan por allí son burros y cabras, ocasionalmente algún vehículo. Nuestra parada fue para cambiar un neumático, por pinchadura. La única en los tres vehículos en el total de 10.000 kilómetros. Nuestra meta era cruzar el río San Francisco y pasar al estado de Ceará.

En el recorrido podíamos observar plantaciones de árboles de castañas de cajú, con sus hermosas copas redondas  que casi llegan hasta el suelo.

Ya estábamos arribando al mar… lo podíamos presentir. Los gigantescos molinos de viento anticipaban su cercanía. En la zona se está aprovechando la energía eólica para abastecer a las poblaciones.

Después de recorrer 4.200 kilómetros desde Eldorado, estábamos ansiosos por llegar a las playas del Nordeste. Este viaje iba en un “increscendo” de emociones. Un derrotero muy bien armado por nuestro guía que ya lleva más de veinte viajes a la zona. Una especie de adicción.

Estábamos en Canoa Quebrada, nuestro primer destino sobre el mar. Las playas son extensas y tranquilas. Allí el tiempo se detiene y todo ocurre como en cámara lenta. Las pequeñas barcazas de pescadores descansan inclinadas en la arena como haciendo la siesta.

Nos detuvimos a bajar la presión de los neumáticos para transitar por las dunas, y una buena bajada con un grado de inclinación más que interesante nos movió la adrenalina para festejar la llegada. Algunos corrieron a meterse en el mar, otros a extender su lonita y tirarse a tomar sol. Estábamos plenos de algarabía por llegar a “las playas prometidas”.

Las playas del Nordeste

En la zona de Canoa Quebrada nos sorprendieron las falesias, que son acantilados de arena fina y rojiza que toman caprichosas formas cónicas, algo así como iglesias góticas.

Nos detuvimos a tomar fotografías, cuando un simpático personaje nos hizo posar para unas tomas muy divertidas con graciosos trucos de perspectiva. Sin perder oportunidad nos recomendó un lugar paradisíaco, donde, prometió, comeríamos las mejores langostas de la zona.

Nota publicada en la edición 493 de Weekend, octubre de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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