Relato ganador Concurso Expo Armas: Aldo Rubén Ganci

Presentamos el relato ganador de uno de los viajes a la Expo Armas 2013, una cacería apasionante de vizcachas y liebres.

Corría el año 1990 cuando me hallaba de Director Médico en la Unidad Sanitaria de Claraz, partido de Necochea. Allá hice de varios amigos que siempre estarán en mi memoria.

Recuerdo que volviendo una noche después de cenar en el campo que cuidaba, organizaba y de alguna manera administraba mi amigo Coco Rodríguez, iluminé el camino con la luz alta del VW 1500 y noté la presencia de un animal que luego resultó ser una vizcacha fuera de su terreno.

Como se hallaba a 200 m y tenía mi carabina “Alcón 22 L” encima, apunté y le di un certero impacto en la cabeza (ACLARACIÒN: nunca cazo lo que no voy a consumir).

Al día siguiente como no sabía preparar un buen escabeche, le fui a preguntar a mi amigo Daniel Juanenea (quien noches anteriores nos había invitado a cenar, casualmente, vizcacha escabechada).

De la conversación surgió mi pregunta: “Daniel, ¿cuándo vamos a cazar vizcachas?” y me respondió: “Cuando Ud. quiera, Dr.” “Bueno ¿puede ser esta noche?” Agregué. “¡Pero cómo no!” respondió Daniel. Así fue que a las 17 hs. pasé a buscarlo con mi “milki” luego de atender el consultorio. Fuimos con mi carabina 22L y con mi escopeta de un tiro del 16.

Al llegar los dueños del campo nos recibieron con los brazos abiertos ya que para ellos las vizcachas son plaga. Nos fuimos acomodando frente a una de las entradas de la vizcachera para que nuestros ojos se acomoden y adapten a la falta de luz natural (esto lo aprendí leyendo una nota anterior a esa fecha publicada en mi infaltable Weekend).

Cuando ya se había retirado la luz solar, notamos que las vizcachas salían primero desconfiadas por la presencia del auto con las luces de posición encendidas, pero luego al no advertir peligro, se ponían a jugar entre ellas. En un momento dado Daniel dice: “Dr., si me permite, bajo y comienzo a cazar”. “Ud. es el experto” respondí. Y a partir de ahí comenzó la cacería: Daniel con la escopeta y yo con la carabina. Daniel no erró un tiro. Solamente se le cayó un cartucho en una de las entradas de la vizcachera y no pudimos hacer nada por recuperarlo, ya que sería muy peligroso porque estaban dispuestas a impedir el ingreso de extraños.

Yo también fui cazando con la carabina y no solo vizcachas, sino que también liebres. Recuerdo que Daniel me iluminaba a estas últimas con el reflector y a una de ellas, a una distancia de 120 m le di justo en la cabeza; nos dimos cuenta por la vuelta en el aire que hizo el animal. De esta manera, no sufre la liebre y la carne no es invadida por tanta adrenalina ni toxinas.

Esa noche en dos horas capturamos 15 vizcachas y 5 liebres. Durante esa mañana Daniel se acercó a la casa que habitábamos (era la casa municipal que se usaba como vivienda del médico del pueblo) para efectuar la limpieza de nuestras capturas (cuerear y eviscerar). Daniel era experto en ello; se quedó en la pileta del patio y yo en el lavadero del interior de la casa. Cuando me hallaba compenetrado en la tarea, siento un tremendo golpe en el piso del patio. Era Daniel que se había desmayado.

Preocupado acudí en su auxilio, pensando rápidamente en las posibles causas del cuadro y tratando de establecer un diagnóstico diferencial (procedimiento médico que trata de cómo su nombre lo indica, diferenciar la posible causa del cuadro en cuestión). Cuando logro reanimarlo me explica que el tiene un problema que yo sé que es más frecuente de lo que uno cree: accidentalmente se cortó con la cuchilla y al observar la sangre, se desmayó. No es porque el hombre fuese flojo, sino que es una reacción psicológica que frecuentemente tenemos los seres humanos (yo no, sino no podría ejercer).

Después de eso, se mandó un escabeche que aún hoy me sigo chupando los dedos cada vez que lo recuerdo; como ahora mismo.

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