Pedalear una recumbente

Bicicletas en las que se puede pedalear recostados. Comodidad y buen viajar, para largas distancias. Galería de imágenes.

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Nos gustan todas. Creo que es factible asegurar que a los y las ciclistas nos pueden todas las bicis. Playeras, mountain bikes rígidas, semirrígidas, dobles, tandems y… recumbents (recumbentes o reclinables). Por nuestros pagos estas reclinables son una figurita rara, ya que es casi imposible cruzarse con una, salvo que sea de un europeo en viaje.

 

Sin embargo, actualmente hay dos emprendimientos nacionales de este tipo de bicicletas: Hi-Bent Recumbents, con seis años en el mercado, y ahora se sumó también Riveck Bike. Ambas empresas tienen diferentes modelos que contemplan desde el paseo urbano a la velocidad pura.

 

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre la teoría y rodar en uno de estos modelos raros? Ambos fabricantes están de acuerdo en que hay que limpiarse la cabeza y empezar de cero, por eso es fundamental una charla previa con ellos para encontrar la posición justa y concentrarse en los tips fundamentales.

 

Las reclinables vienen con el cuadro en una sola medida, por lo que para conseguir la postura correcta se debe trabajar sobre el sillín (deslizable), el ángulo del respaldo y del manillar, la regulación del apoyacabeza y el largo de la pedalera, si se pudiere.

 

Una vez sentados… qué raro se siente todo. El manillar cerca del pecho con los brazos cómodamente semiextendidos, la espalda apoyada en el respaldo y, allá adelante, la pedalera.

 

El arranque es lo más problemático: al principio hay que darle un empujón con las piernas, extenderlas y calzar los pedales, para recién empezar a traccionar con ganas. Ya con la bici rodando, lo primero que se nota es la sensibilidad que tienen: son celosas y reaccionan rápidamente a cualquier movimiento del manillar o de la cintura.

 

Como en cualquier aprendizaje, al principio el ciclista lleva el cuerpo tensionado, sobre todo en la parte alta de la espalda, pero a medida que se le toma el tiempo a la reclinable uno empieza a distenderse y disfruta la inmejorable posición. Los grupos musculares trabajan en forma muy diferente: gemelos, isquiotibiales y glúteos sienten el trabajo, pero los cuádriceps, uno de los más castigados en una mountain bike o rutera, ni se enteran del pedaleo. Pese a que visualmente podría pensarse lo contrario, hombros, brazos y espalda viajan “en primera” y no realizan esfuerzo alguno, por lo que en una salida invernal habrá que ir más abrigado en la parte superior.

 

 

Cambio de posición

 

 

Más allá de que estemos entrenados, hay que darle tiempo al cuerpo para que se acomode al trabajo muscular diferente. Revista Weekend probó cuatro de estos modelos, y en tramos breves no se nota diferencia, pero luego de 20 km se sienten molestias en las rodillas e inserciones de los músculos.

 

La solución: un día de entrenamiento en la mountain bike y luego retornar a la reclinable, para que las molestias vayan desapareciendo. Así realizamos tramos de 50 km sin problemas.

 

¿Qué se siente arriba de una recumbent? Lo primero es la altura y luego la visibilidad, que es perfecta. La percepción de la velocidad es engañosa y parece que fueramos más despacio, pero por un tema aerodinámico son mucho más veloces que una mountain bike e, inclusive, que una rutera.

 

Además, el esfuerzo circulando a 40 km/h es muy inferior a otras bicis. Crucerear a 24-25 km/h con una recumbent puede ser eterno: creo que el biker hasta se podría quedar dormido, ya que la energía utilizada es ínfima y de ahí se entiende que en Europa sean tan utilizadas para viajar.

 

 

Limitaciones

 

 

Su uso depende de las condiciones del piso: son 100 % para asfalto, sobre todo si tienen la rueda delantera de 16”, ya que los pozos se sienten, y mucho. Además, es imprescidible contar con espejo retrovisor. Por otra parte, tienen dificultad para conseguir repuestos de cables más largos de freno y cambios, problemas para llevar una caramañola cerca, falta de anclajes para una luz delantera. Y el principal detalle, teniendo en cuenta su escasa altura, es que circulando entre el tráfico quedan escondidas por los autos. Debido a esa razón, en muchos países de Europa deben circular con un banderín.

 

Las ventajas comprenden un tema físico, como es la posición y la presión en la zona del coxis, ya que en las reclinadas es inferior en un 90 % a una mountain bike convencional, mientras que la presión en la próstata directamente desaparece. La espalda, por su parte, viaja cómodamente apoyada y nos olvidamos de la típica posición de levantar el cuello para mirar a lo lejos: la visión es perfecta y solo resta disfrutar el paisaje.

 

 

Conclusiones

 

 

Si limpiamos bien nuestras cabezas de las salvajadas que podemos hacer en una MTB, al pedalear largo y tendido –nunca tan bien dicho– en una reclinada descubriremos una nueva faceta que nos permitirá encarar viajes prolongados o salidas tranquis, sin olvidar entrenar complementando ambos tipos de bicis.

 

Por último, resta decir que hay un tema pendiente que es absolutamente personal: en una reclinada jamás pasaremos desapercibidos. Chiflidos, aplausos, bocinazos, autos circulando a lado nuestro para sacarnos fotos… El bombardeo de la gente es constante, pero siempre con una excelente predisposicion. Por lo tanto, un modelo excelente para extravertidos, además de para lo que fue creada: los largos viajes por ruta.

 

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 488 de Weekend, mayo de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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