60 años de la primera cumbre en el Everest

La cima del Everest, a 8.848 metros de altura, fue pisada por primera vez hace 60 años, el 29 de mayo de 1953, cuando el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa tibetano Tenzing Norgay llegaron al “Techo del Mundo”. Ocurrió después de que numerosas expediciones fracasaran en el intento en los 33 años anteriores.

La expedición comenzó casi un mes y medio antes e involucró a unas 400 personas, bajo el mando del coronel británico John Hunt, y más de ocho toneladas en equipos.

Los datos reportados por los montañistas indican que a las 11.30 (hora local) de ese día, Hillary fue el primer humano en llegar a la cumbre del Everest, aunque el hito quedó registrado por una fotografía que éste le tomó en ese lugar a Norgay, mientras izaba las banderas británica, nepalí, india y de Naciones Unidas.

Un despacho de la agencia de noticias alemana DPA, firmado por Doreen Fiedler y fechado en Katmandú, cuenta hoy la imagen de un encapuchado Norgay, que se convirtió en un ícono del montañismo, fue tomada con una Kodak Retina que el neozelandés llevaba entre sus ropas.

La expedición británica había comenzado en la primavera boreal de ese año, pero se atascaba por inconvenientes variados, hasta que la comida se acabó y las cada vez más fuertes ráfagas de viento levantaban las carpas que apenas se mantenían en el suelo por el peso de sus ocupantes.

Antes que el equipo de Hillary y Tenzig hiciera cima, lo intentaron Tom Bourdillon y Charles Evans, pero a 100 metros de la meta se quedaron sin oxígeno y tuvieron que regresar.

Tres días más tarde, Hillary y Tenzing realizaron su última acampada a 8.500 metros de altura y, según escribió Norgay, “fue una noche fría. Las botas de Hillary estaban congeladas y las mías, a punto de congelarse”.

Por la mañana, el viento se había calmado un poco y las nubes habían desaparecido, y ambos -siguió- “miramos hacia arriba. Durante semanas, meses, no habíamos hecho otra cosa. Mirar hacia arriba”.

El equipo inició el ascenso, ya sin que hubiera huella alguna de pisadas, y al respecto Hillary relató: “No diría que el último tramo fue divertido. Fue incluso muy duro. Pero era el Everest, así que pensamos que teníamos que ser aún más fuertes”.

Después, no podían dar con la cumbre, pero cuando la cresta desapareció ante ellos y vieron por fin la llanura tibetana, supieron que lo habían logrado.

Hillary dio la mano a su compañero y Tenzing lo abrazó, y mientras Hillary hacía fotos, Tenzig cumplió un ritual en homenaje a una divinidad sherpa.

Hizo un hoyo en la nieve y enterró allí un bolígrafo rojo y azul y dulces, que le había dado su hija para la diosa Miyolangsangma, que habita en la cumbre del monte que ellos llamaban Chomolungma.

Tras coronar la cumbre de 8.848 metros, la reina Isabel II de Inglaterra nombró caballero al neozelandés Hillary, mientras que Tenzig se hizo famoso y hasta tuvo un biógrafo, Ed Douglas, quien lo describió como “el sherpa que siempre sonreía”.

Junto al Everest se extiende la región de Khumbu, en Nepal, donde  en 1914 nació “el primer asiático de orígenes humildes que, gracias a su propio esfuerzo, alcanzó la fama mundial”, según Douglas.

El neozelandés, nacido en Tuakau el 20 de julio de 1919, quien fue explorador y piloto en la Segunda Guerra Mundial, falleció de un paro cardíaco a los 88 años en Auckland, como Sir Edmund Percival Hillary, el 11 de enero de 2008.

Tenzing, quien recibió la Medalla del Imperio Británico por sus esfuerzos en la expedición, murió en 1986, a los 71 años, de un derrame cerebral, en Darjeeling, Bengala Occidental, India.

En 1978, ambos fundaron una empresa en Nepal, dedicada a ofrecer servicios a los numerosos montañistas y excursionistas que visitaban el Everest cada año.

 

 

 

Fuente: Telam.

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