Pejerreyes de San Cayetano

Una pesca muy entretenida en el río que bordea El Destino, a sólo 15 km de la autovía 2. Un ámbito con ejemplares peleadores. Galería de imágenes.

Por

Don Alberto Lacoste, propietario de la laguna El Albardón, y Carlos Di Loreto, guía de la región, nos recriminaban con el fervor de los que tienen pasión por lo suyo: “Anduviste por la zona y no nos visitaste. ¡Aquí tenemos los pejerreyes más grandes de San Cayetano!”. En ese momento, con el fruto de la pesca obtenida en las manos en otro excelente pesquero cercano (La Gaviota), veíamos difícil que se pudiera superar, pero recogimos el guante y doblamos la apuesta: “Vengo en unos días y la pescamos. Y si no son grandes, las fotos se las sacamos a la soja”.

 

El Albardón es una laguna enclavada en un campo privado de unas 400 hectáreas, ocupando aproximadamente la mitad de esa superficie. Es un espejo que posee mucha profundidad en los claros centrales y en casi toda la laguna; donde sólo podremos encontrar menor hondura es sobre las costas. Hoy por hoy tiene buena cantidad de juncos, que forman muchos y diferentes tipos de claros. Y también se halla invadida en varios sectores por una densa gambarrusa, que en algunos casos dificulta la tarea al pescador, impidiéndole que acomode la línea de manera apropiada, enganchando en la vegetación o bien haciendo fallar la clavada porque un anzuelo quedó enredado en la espesura de ese pasto emergente.

 

Es sabido que los mejores portes se concretan utilizando línea paternóster, pero siempre la cantidad se logra con aparejos de tres boyas. Y la regla no cambió, así se dieron las cosas. Aunque cuanto más ingresemos en los fríos días de la temporada, seguramente el pique se dará casi al ras del fondo.

 

Con respecto a los equipos, para pescar con líneas de flote podemos usar una caña telescópica o enchufable de hasta 3,50 m, y reeles frontales chicos o medianos con capacidad para 100 m de nylon o multifilamento. Si empleamos nylon, no olvidar colocar vaselina o flotalíneas la noche anterior para lograr que se mantenga en superficie. Las boyas para armar el aparejo deben ser chicas o medianas (tipo Criterio cometa Nº 4) o bien esféricas de 18 o 20 mm. Los anzuelos como máximo Nº 1/0, porque el pejerrey es de boca relativamente chica. Para completar el equipo, no debemos olvidar el copo y buena carnada, fresca y en cantidad.

 

Habíamos partido junto a Fernando Caletti muy temprano desde la Ciudad de Buenos Aires, y al cabo de unas seis horas habíamos transitado los 530 km que nos separan de la localidad de San Cayetano.

 

Muy temprano por la mañana, el propietario y el encargado de la laguna pasaron a buscarnos por el hotel para recorrer los últimos kilómetros de ripio que nos depositarían en el campo. Llegamos al lugar, acomodamos los botes, pusimos los motores fuera de borda y comenzamos a preparar los equipos para llegar armados al sector de pesca. El guía y los responsables del lugar abordaron un trucker, y nosotros unos de los botes de alquiler. La idea era cubrir en forma separada cada rincón de la laguna y probar con distintos aparejos hasta dar con la mejor performance.

 

Así accedimos a un limpión donde la superficie del agua estaba un poco rizada y una espesa pero raleada pared de juncos filtraba la acción del viento, dejando al sector como un espejo. Tiramos el ancla en una mata de pasto y arrojamos nuestros aparejos contra los juncos de enfrente. Tuvimos unos cuantos minutos sin respuestas hasta que la primera boya salió muy despacio hacia la izquierda, concretando con una clavada certera. El primer pique del día: un lindo pejerrey de unos 35 cm. Obtuvimos tres o cuatro piques más y nos movimos hacia otro sector del espejo para intentar con los grandes.

 

 

Gigantes en el limpión

 

 

Volvimos a probar con líneas de flote y paternóster, agregándole a este último un poquito de peso para poder arrojarlo más lejos. En esta oportunidad el sitio elegido fue el limpión que se encuentra en el centro de El Albardón. Debido al peso del plomo de este aparejo, la boya quedó semisumergida.

 

Y nos mostraría el pique de la siguiente manera: si el pejerrey tomaba la carnada hacia arriba, la boya subía y quedaba recostada; y si lo hacía para abajo, obviamente se terminaba de hundir por completo. Sinceramente, las esperanzas estaban depositadas en esa línea para dar con los grandes. Y la boya no defraudó. Comenzó a desplazarse hasta hundirse completamente y la punta de la caña marcó un buen ejemplar, intuición que fue corroborada al tenerlo cerca de la embarcación. Era el primero de alrededor de 800 gramos.

 

Seguíamos recorriendo minipesqueros y en todos obteníamos respuestas de pejerreyes medianos muy robustos y combativos. Anclados nuevamente en otro agujerito muy prometedor entre los juncos, debimos acortar un poco la profundidad del aparejo para que trabajara correctamente y se mostrara sutil ante cualquier situación de pique. De repente, una leve llevada hacia la espesura de los juncos nos llamó la atención. Fernando puso especial dedicación en lo que veía.

 

Cuando se sintió seguro y confiado para clavar, alzó la caña y con un leve golpe de muñeca hincó el anzuelo en el primer sancayetino del día: un tremendo ejemplar de casi 60 cm que no coincidía con el peso que demostraba. Era algo flaco pero enorme. Nos miramos sorprendidos y dijimos: “Si hay uno, hay más”. Y así fue: tuvimos oportunidad de capturar varios pejerreyes que superaron los 50 cm.

 

 

Tripletes a la vista

 

 

Los grandes ya los teníamos, ahora queríamos ver qué pasaba con la cantidad. Decidimos movernos hacia una bahía, que si bien mostraba gran predominio de gambarrusa nos asombró al ver las olas que formaba el enorme cardumen de pejerreyes que se movilizaba en el lugar.

 

Sorprendidos por el espectáculo, apagamos el motor, acortamos las brazoladas para que trabajaran sobre el pasto emergente y, colocándole un punterito cargado al final de la línea de flote, logramos ganar distancia para sobrepasar el espacio dominado por la gambarrusa. Literalmente fue un show de pesca: ¡esperábamos lograr el triplete para recoger la línea! Todos pejerreyes de entre 28 y 35 cm, que si no tomaban la carnada ofrecida jugaban con las boyas y pilotines de la línea. Un verdadero placer.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 488 de Weekend, mayo de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

Temas en este artículo: , ,

Deja un comentario