Ecuador: tierra verde y alegre

Uno de los países más hermosos de América Latina, con intensas selvas teñidas de verde y signadas por un pueblo caluroso. Galería de imágenes.

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La reciente inauguración del Aeropuerto Internacional de Quito, en las afueras de la ciudad, da rápidamente la pauta de lo que esta tierra ofrece: el avión aterriza, literalmente, sobre la cima de un cerro, y uno queda hipnotizado ante la cresta del gigante, sus valles, quebradas y ríos profundos.

 

La naturaleza se hace presente así desde el primer instante, y en algunos sitios protegidos como el bosque nublado de Mindo, o la reserva Rumi Wilco de Vilcabamba, las actividades invitan a mimetizarse en ese mundo salvaje.

 

 

Sobre los árboles

 

 

A una hora y media de Quito nos recibe uno de los pulmones naturales más importantes de Ecuador, que resguarda más de 500 especies de aves, 40 tipos de mariposas e infinidad de orquídeas salvajes. Surgido de las entrañas de esa selva, un pueblito comienza a brillar en materia de ecoturismo, con sus dos mil habitantes dedicados principalmente a la recepción de visitantes atraídos por la magia de su bosque nublado, llamado así por su densidad, y porque cada tarde, religiosamente, la lluvia cubre las 19.000 has protegidas de bosque. Allí se puede disfrutar del silencio y de caminatas tranquilas, o también ser convocado para vivir los fabulosos conciertos de unas 50 especies de ranas.

 

Pero si hay algo que le saca el jugo al pago, son dos actividades que de tranquilas y silenciosas no tienen nada. Una de ellas es el canopy, disciplina que combina varias líneas que atraviesan inmensos árboles nativos, hasta que uno se ve volando de punta a punta y en medio de la jungla como un Tarzán 2.0.

 

La vista arranca en uno de los tupidos cerros del norte, donde los guías de Mindo Canopy Adventure hacen gala de sus tres cables extras, completando así 13 conexiones y un columpio extremo no apto para miedosos. Para la mayoría de este grupo es la primera vez en la actividad, y el guía bromea con cuestiones del tipo “¿Últimas palabras damas y caballeros?”, o “Si van a caer, que sea con estilo, porque hay que cuidar el nombre de esta empresa”.

 

Todos nos hemos puesto ya los cascos, arneses y demás equipos, y escuchado atentamente el par de cosas importantes que se deben saber: no tocar el equipamiento ni el cable mientras se vuela. Si eso se cumple, nada malo puede pasar. “A veces el miedo o el vértigo se supera en segundos, ni bien uno salta. Pero lo peligroso es confiarse y querer agarrar el cable o forzar los equipos.

 

Si se respeta eso la experiencia es inolvidable, porque éste es uno de los deportes más seguros”, cuentan. La primera línea es la más difícil, no por velocidad o altura (todas son rápidas y altas), sino por ser la inicial. Una vez listos muchas caras se ponen tensas, pero todos nos lanzamos sin más dispuestos a vivir la extraña sensación de volar sobre los árboles del bosque, en una mezcla de adrenalina y asombro muy difícil de describir.

 

Si bien las líneas están conectadas entre sí, otro atractivo de esta visita son las caminatas obligadas entre ellas. Las hay cortas y otras con más de 200 m, donde se descubren paisajes del bosque, sonidos y aromas de un mundo misterioso que atesora la vida salvaje de infinidad de especies animales. Muchos quiteños llegan aquí los fines de semana, y aseguran que no hay visita completa al Ecuador si no se sobrevuela este bosque nublado.

 

 

Chapoteando

 

 

La cosa no es para flojitos aquí, y tras dos horas de subir a pie algunas laderas y llegar sobrevolando a otras, iniciamos el camino descendente hasta las serpenteantes aguas del río Mindo, escenario del otro deporte extremo local, similar al rafting: el tubing.

 

La riqueza del recorrido de este cauce permite divertidas travesías de unos 45 minutos, que se inician en playas tranquilas, pero poco después se está pasando por cajones donde las cubiertas bajan con violencia, generando topetazos a ambos lados del lecho. Para esta actividad es clave llevar ropa impermeable o capas de cebolla, ya que la fuerza que se hace en cada movimiento genera calor en el cuerpo, pero es imposible no terminar empapado.

 

Al igual que con el canopy, los paisajes que se recorren son un atractivo en sí mismos, pero con una diferencia clara: aquí la atención está puesta en no estrellarse cuando la corriente acecha, y hay que trabajar en conjunto para girar o vadear la nave.

 

Cuentan que las aguas cristalinas del Mindo permiten la reproducción natural de la tilapia y la trucha, el plato principal de la zona. Empresas como La Isla o Mindo Tour Tavel ofrecen desde 25 dólares los paseos de día completo, con transporte dentro del pueblo y las dos actividades (canopy y tubing).

 

El paquete se completa con un refrigerio, el servicio de guías y los equipos para las actividades. Mindo Bird es especialista en tubing, y ofrece también opciones de senderismo, cabalgatas, rappeling y la curiosa tarabita, un primitivo teleférico que transita el río por encima. Actividades extras como regatas y cayoning se pueden programar de manera particular, además de visitar el mariposario y orquidiario del Jardín Nataly.

 

 

De a pie

 

 

Al sur, el pueblo de Vilcabamba es otra de las sorpresas ecuatorianas. En la reserva Rumi-Wilco nos reciben Alicia y Orlando Falco, dos biólogos argentinos. “Para hablar de un lugar es necesario sentirlo”, advierten. Eso de sentir será una constante en este bosque maravilloso. Apasionados por la naturaleza, a fines de la década del ‘80 la pareja encontró su hogar en este rincón, y decidieron abrirlo al público sin la histeria de la masividad. Y si hay algo que lo destaca es la tranquilidad de una selva variada con más de 500 plantas identificadas y desfiladeros de bambú junto a un río rugiente, que puede disfrutarse en soledad.

 

En ese escenario se desgranan los 12 senderos autoguiados, de fáciles a difíciles, y para recorrer la reserva durante viarios minutos o largas horas, por apenas 2 dólares. Atravesar cuestas abruptas, filos de montaña, quebradas y la planicie ribereña del río es parte de la experiencia, combinada con los sonidos de 130 especies de aves.

 

En el lugar funciona un ecolodge, con cabañas de madera rústicas y súper completas hechas por el propio Orlando (baño al aire libre, cocina, horno y servicios) y un camping a precio irrisorio. “En la industria turística mundial se ha desarrollado una idea de ecoalbergue que nos interesa mucho. Bajo esta modalidad, mucha gente ve posible su anhelo de proteger la biodiversidad, a fin de mantenerla y valorizarla. Al hacerlo así, se estaría logrando un ciclo de intervención completo y autosustentable”, explica Falco.

 

Consagrado así en el año 2000, el Bosque Protector Rumi Wilco constituye el sector más biodiverso del interior del valle. Y su reducido espacio físico (40 has) y proximidad al pueblito, lo hacen aún más valioso ante la creciente ola urbanística que rodea el pequeño y delicado valle.

Otra buena experiencia se vive desde Izhkayluma, gracias a la apuesta europea de los hermanos Peter y Dieter. Su hostería de alta gama ofrece, además de hospedaje y restaurante, salidas por el pueblo, tanto a pie como a caballo. Con ellos emprendimos la caminata hacia la misteriosa cascada que, aparentemente, es una de las razones de la famosa longevidad de los habitantes.

 

Tras casi tres horas llegamos a la extensa caída de agua que, aseguran, alarga la vida. Aparentemente, ésta se suma a las condiciones de temperatura, altitud y pureza del aire, y junto a la actividad y dieta proveniente del agro, hacen posible llegar y hasta superar los 100 años. Con esa ilusión, muchas veces más marketinera que concreta, han llegado al lugar cientos de gringos millonarios, promoviendo hospedajes, prácticas zen, casas de masaje y cuidado corporal con barro del pago. Es innegable: la naturaleza da de comer a todos y cada uno. Bravo por ella.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 487 de Weekend, abril de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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