El turno de los chicos

Pesca de dorados en Goya con los niños. Cómo evitar que se aburran en su primer experiencia, claves y secretos. Galería de imágenes.

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Entre 4 y 6. Ni más, ni menos.” Eso nos había aconsejado Silvio Martínez antes de embarcar. “Esa es la medida. Esa es la cota donde están la mayoría de los cachorros. Ni en los pozos más hondos ni en los bajos”, agregó. E insistió: “Entre 4 y 6 metros de profundidad chamigo”.

 

Consejo a tomar muy en cuenta tratándose de un reconocido pescador y actual fiscal general de la 38° edición de la Fiesta Nacional del Surubí a disputarse en aguas goyanas del 22 al 28 de abril próximo. Por su parte, Javier Enrique –otro referente de la pesca en la zona– nos confirmaba ese dato y además aportaba otro: “Hay mucho pique, más cantidad que tamaños, ideal para venir con los chicos, para divertirse con los cachorros”. Aprovechando para relevar las canchas de pesca antes del tradicional evento, viajamos a Goya y armamos un interesante grupo de pesca en el que Santi y Joaquín serían los entusiastas aprendices del equipo.

 

 

Cómo programar la salida

 

 

Cuando se incluyen niños en el grupo hay que tener en cuenta algunas consideraciones básicas: la primera, que haya pique, de lo que sea, pero que haya acción relativamente continuada. Es preferible concretar a lo largo de la jornada 10 capturas de un kilo que una sola de 10 kilos.

 

La paciencia de los chicos es proporcional a su tamaño: chiquita. En segundo término, que el clima no sea demasiado hostil en cuanto a temperaturas (ni muy altas ni muy bajas) ni a fuertes vientos que compliquen y hagan movida la navegación, o lluvias que mojen e incomoden a los tripulantes. Una mala experiencia en el comienzo puede desalentarlos de por vida.

 

También es importante atender a todas las cuestiones referidas a la seguridad a bordo, tanto en lo que hace a la eventualidad de una caída al agua (manteniéndolos permanentemente con el chaleco salvavidas puesto y abrochado por más que sepan nadar), como en lo que tiene que ver con la prevención de accidentes con anzuelos y señuelos, y a los peligros que pueden entrañar púas, chuzas, dientes o mordidas de peces. Peligro conocido, riesgo desaparecido, dice el refrán.

 

 

Preguntas y respuestas

 

 

Los niños son más inquietos y curiosos y, por ende, más proclives a sufrir caídas, resbalones o tocar y meter los dedos donde no deben. Una buena relación de obediencia con el padre, abuelo, hermano más grande, tío o mayor a cargo es fundamental para contenerlos y monitorear tanto el comportamiento como para explicarles y enseñarles cada cuestión relativa a la pesca, a la navegación y al entorno. Lo que es seguro: no faltarán las preguntas y los por qué, para lo cual conviene tener a mano una buena respuesta.

 

Como siempre, con más dudas que certezas, emprendimos la navegación con Flavio Novello cómo guía para tratar de sondear los pesqueros goyanos y redondear una buena salida de pesca. Los vientos predominantes del sudeste nos impulsaron a buscar sectores reparados en el intrincado y extenso delta de riachos y arroyos que se desparraman al sur de Goya. Ingresamos por la boca del Isoró y fuimos navegando e intentando en cada lugar que Flavio nos fue indicando.

 

Apuntándole fundamentalmente al surubí, dispusimos de equipos compuestos por cañas de 7 pies de 15 a 25 libras, con reeles rotativos medianos cargados con monofilamento del 0,37 al 0,40 o multifilamento del 0,24. Terminados en aparejos simples, de un solo anzuelo Nº 7/0 y 8/0 vinculado al sedal que viene del reel mediante un líder de acero multifilamento forrado de 30 a 50 libras.

Esta precaución de agregar un líder metálico se halla impuesta más por otros peces de dientes filosos que por el surubí en sí, que podría ser capturado aun sin líder o con un terminal de nailon más grueso. Para llegar bien al fondo se le agregan al aparejo plomos corredizos y pasantes de 20 a 40 gramos, tanto para pescar fondeados o con la embarcación a la deriva (al decir local, pindaceando).

 

 

Peces en abundancia

 

 

Las condiciones de agua actuales son: un río en caja, con cotas normales, aguas turbias y con mucho sedimento en suspensión. Lo bueno es que hay nutrido movimiento y presencia de peces. Con muchos cachorros de surubí, activos y ávidos de alimento en sectores de mediana hondura. También hay mucha palometa en algunos lugares. Lo que se debe hacer en esos casos, ante el ataque de estas feroces e insaciables depredadoras, es cambiar rápidamente de pesquero. Las morenas duran muy poco en los sectores en que hay presencia de esta especie que actúa a modo de Pac Man sobre los encarnes.

 

Una forma de minimizar sus embates es utilizar morenas más pequeñas, que emitan impulsos de más bajo alcance para no orientarlas tan fácil en el agua turbia. También evitar los lances a las aguas arremansadas y menos correntosas, como las muy próximas a carrizos y camalotes. Y utilizar otro tipo de encarne, como los de anguila o cascarudo que son menos proclives al ataque de las palometas.

 

 

Provisión de carnadas

 

 

Ante esta presión exterminadora, estimamos que para no pasar aprietos en la próxima competencia de pesca, cada equipo debería contar con no menos de 10 docenas de cebos vivos que pueden estar compuestos por un par de docenas de mamachas (morenas grandes), dos o tres docenas de botellonas (morenas de talla intermedia), otras dos o tres de morenas medianas y completar con algo de anguilas y también cascarudos. Para así tener cantidad y variedad de cebos a lo largo de esta interesante competición que dura toda una noche.

 

Los numerosos pesqueros que se van encadenando a lo largo del arroyo Isoró y el Soto, son más que aptos para desarrollar, además, una interesante pesca variada. Algo muy recomendable para practicar con los más pequeños, ya que podrán ver y experimentar con distintos tipos de peces y aprender a diferenciar piques, peleas y resistencias.

 

Una pesca muy entretenida y formativa a la vez.

 

En este primer día de actividad, luego de que tanto los pequeños como los grandes nos midiéramos con cachorros de surubí, patíes y algún que otro dorado, regresamos antes del anochecer para disfrutar de una navegación segura y para no extenderle tanto la jornada a los noveles integrantes del equipo.

 

 

Llegaron para quedarse

 

 

Para el segundo día resolvimos visitar los mismos buenos pesqueros e insistir en los lugares más exitosos de la jornada anterior en procura de dar con algún pez de mejor talla. Sin embargo, la constante fue la misma: peces activos y en número pero no de gran tamaño. Situación que estimamos se mantendrá hasta el evento de pesca más convocante de la región.

 

Por eso aprovechamos esta circunstancia para repasar conceptos y seguir practicando cuestiones básicas, como asegurar bien la clavada, no perder tensión durante el combate, mantener al pez lejos de la popa de la lancha para evitar que se pueda enredar en la pata del motor o en la hélice y pueda llegar a cortar.

 

Y otras útiles tanto para chicos como para grandes y que tienen que ver con trabajar bien con la caña, que es la que debe absorber los embates del pez en lucha y la que va arrimando y trayendo al pez sin forzar la acción del reel, que es el que debe recoger el sedal. La caña tracciona y trae, el reel guarda hilo a la vez que se va bajando la puntera para volver a jalar y arrimar. Siendo los reeles rotativos los más aptos para este tipo de pesca con cebos naturales, donde hay que darle llevada al pez antes de trabar el reel y ejecutar el cañazo.

 

 

El juego de la pesca

 

 

Por último, hay que hacerse carne de que la consigna es que sean los pequeños los que marquen el ritmo de la salida y la pasen bien. Si ellos se divierten, uno puede sentirse relajado, satisfecho y disfrutar junto con ellos.

 

Esta inversión en paciencia y educación, además de una excelente transferencia generacional de conocimientos, de una increíble interacción con los pescadores del futuro, nos asegura una larga y placentera serie de escapadas compartidas a futuro.

 

En el fondo, todo pescador que se precie de tal es un poco niño a la hora de encarar esta sana actividad que, sin distingo de condiciones, razas o edades tiene tanto de emocionante como de lúdico. En Goya, en esta oportunidad pudimos disfrutar de una más que interesante pesca, la que además de alegrarnos con las caritas emocionadas de los chicos con cada nueva captura, también nos dejó asomar al niño que todos llevamos dentro. Por eso decimos: ¡Larga vida a los pescadores y a esta apasionante y singular travesura que es la pesca!

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 487 de Weekend, abril de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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