El comodín de la mosca: Woolybugger

El verdadero as debajo de la manga en la Patagonia. Se ganó, a fuerza de piques, el corazón de muchos pescadores.
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En algunos juegos de barajas, el comodín o joker es utilizado para substituir a cualquier otra carta, hace las veces de naipe multivalente que facilita ganar una partida. Esta cualidad la podemos encontrar en una mosca que puede servir para emplear en un sinnúmero de situaciones y simular una enorme cantidad de organismos vivos. Nos referimos a la Woolly Bugger, una mosca comodín.

 

Un estrímer polifuncional y multipropósito, una mosca difícil de igualar. Denostada por algunos y venerada y sobreutilizada por otros, es un diseño que más allá de odios y amores, evidentemente sirve para muchas circunstancias. Pesca en lugares bien diferentes, con técnicas disímiles. Y por ser de tan amplio espectro, es efectiva aunque la usemos mal. Convierte falencias en virtudes y siempre termina pescando. Todas estas razones hacen que sea el estrímer más popular y usado en la Patagonia.

 

Esta mosca que data de 1967 y se supone que deriva de la Woolly Worm, con el agregado de una cola de plumas marabou, permite imitar con gran semejanza la silueta de pequeños alevinos, cangrejos, sanguijuelas, peladillas, bagrecitos, pejerreyes, puyenes, camarones y hasta pancoras.

 

Pero además puede asemejarse a grandes ninfas de damsel o de dragon. O, simplemente, a nada en particular, pero sí a algo que merced a su blonda cola de marabou plegándose y desplegándose con cada tirón y su hackle de plumas en palmer (le dan volumen y vivacidad) moviéndose al compás de su avance por el agua, la convierten en un atractor imposible de despreciar por un pez cazador.

 

La tradicional Woolly Bugger, probada y aprobada por muchos pescadores, es la de cola negra y cuerpo oliva con hackle grizzly, aunque también puede ser totalmente oliva con cola y todo. Pero sobre este diseño básico hay infinidad de variaciones, que no son sólo en cuanto a color y tamaño.

 

Lo que pretendemos resaltar en esta nota son algunas variantes al patrón original que particularmente nos han resultado exitosas a lo largo de los años y son el producto de la imaginación de distintos atadores o del eterno prueba y error de los pescadores. De ninguna manera son propias, ni las únicas, y tal vez ni siquiera las mejores. Sí, probadas, aprobadas y efectivas en muchas de las aguas patagónicas.

 

 

Consideraciones generales

 

 

El agregado de lastre en el cuerpo, durante la confección, con alambre de plomo (lead wire) o el empleo de cabezas metálicas, lead eyes u ojitos de cadena, le aportan peso y le permiten ganar hondura rápido y penetrar mejor en corrientes de aguas torrentosas. Si el lastre va adelante (hacia el ojo del anzuelo, como por ejemplo con las cabezas metálicas), el efecto de cabeceo durante la recuperación de la mosca le agrega un interesante movimiento adicional. Los brillos en la cola con hebras de Flashabou, Accent Flash, Krystal Flash o similares, le confieren destellos que podrían ser de escamas de una probable presa. Las patitas de goma (rubber legs), más largas que el hackle, le aportan vibración y movimiento aun en aguas quietas.

 

La mosca y sus variantes son verdaderas cartas de triunfo para capturar salmónidos. Estrímeres multipropósito en los que parece no cumplirse aquello de “quien mucho abarca, poco aprieta”. Aquí lo inespecífico se torna muy efectivo. Con sus diferentes matices, la Woolly Bugger es infaltable en la caja del mosquero, porque además de abarcar mucho, también aprieta.

 

 

 

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 486 de Weekend, marzo de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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