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La magia intrínseca de la ruta 3

La extensa vía es una de las más hermosas del país, invitando a recorrerla de punta a punta, disfrutando de una experiencia inigualable. Galería de imágenes.

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El paisaje cautiva. Los acantilados se desmoronan sobre el mar de olas bravas, que golpea furioso contra la costa rocosa, mientras un grupo de 15 o 20 lobos marinos vociferan a escasos metros de una colonia de pingüinos magallánicos que parecen mirarlos en forma indiferente.

 

El litoral patagónico está formado por postales hipnóticas, por imágenes que fascinan hasta límites insospechados. De cara a esos sitios, uno puede pasar horas y horas estaqueado sobre una piedra, casi sin moverse, observando el vuelo rasante de los cormoranes, el movimiento torpe de los elefantes marinos, el salto de una ballena o, simplemente, la arena de una playa desierta levantada por un viento fuerte.

 

 

La Ruta Azul

 

 

En esta larga sucesión de costas, que se extienden de norte a sur desde la desembocadura del río Colorado hasta las orillas despobladas del confín oriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego, hay innumerables sitios para visitar, decenas de increíbles recorridos para realizar.

 

Uno de estos rumbos maravillosos es el que, utilizando la ruta 3 como columna vertebral, desanda 550 km del camino que va desde el sur de Chubut hasta el norte de Santa Cruz, en lo que se conoce como Ruta Azul, atravesando en el itinerario decenas de asentamientos de pingüinos de Magallanes, pingüinos de penacho amarillo, lobos marinos de uno y dos pelos, elefantes marinos, orcas, delfines, toninas, ostreros de variados tipos, albatros de ceja negra, cormoranes reales y skuas.

 

 

 

Nota completa en la edición 486 de Weekend, marzo de 2013. Si querés suscribirte a la revista y recibirla en tu domicilio, clickeá aquí.

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