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Berisso no deja de sorprender

El Río de la Plata vive una temporada que entusiasma a todos, muchas bogas y dorados de muy buen porte. Galería de imágenes.

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Muchas bogas en bajante y dorados grandes con artificiales en creciente”, fue lo primero que me dijo el guía Matías Pavoni cuando me comuniqué para ver cómo estaba el pique. Mi respuesta fue inmediata: “¿Dorados en creciente?”. “Vení tranquilo que en los malecones hay pescados para hacer dulce”, me insistió el guía. La conversación justa para no titubear un instante en la elección de nuestro próximo destino.

 

Sin dudas, estamos hablando de las dos especies más combativas que ofrece nuestro Río de la Plata, y en este viejo y reconocido pesquero tenemos la posibilidad de capturarlas en el mismo lugar, sólo cambiando de equipos.

 

Varios años atrás, en los malecones de Berisso era común obtener gran cantidad de bogas de muy buen porte colocando únicamente lombriz blanca en un aparejo de fondo. La presencia masiva de la especie fue atribuida a la gran cantidad de alimento que encontraba como, por ejemplo, los famosos “mejilloncitos asiáticos” que por miles cubrían las piedras y palos del lugar. Con el transcurrir de las temporadas esta pesca fue disminuyendo, llegando casi a desaparecer sin una explicación coherente de las razones. Pero casi simultáneamente, el mismo pesquero fue invadido por los dorados, a los cuales se les atribuyó parte del motivo de la ausencia de las bogas.

 

Hoy una excursión a Berisso implica llevar dos equipos bien diferenciados: uno para la pesca de fondo de la boga con carnada y otro para dorados con artificiales, intentos que se pueden hacer tanto en bait casting como en spinning.

 

Para la pesca de la boga debemos contar con una caña de acción de punta, algo potente, de un largo no mayor a los 2,50 m. Se la complementa con un reel mediano cargado con nylon 0,35 mm o multifilamento de 30 libras (13,6 kilos). El hilo no es muy conveniente porque se corta ante el menor roce en la piedra. El equipo se completa con un aparejo muy sencillo, armado al final con un plomo tipo lápiz de unos 60 a 80 g y dos brazoladas cortas a unos 40 cm del plomo con anzuelos del tipo Maruseigo N° 12 o 14, encarnados con dos o tres granos de maíz y una bolita de masa o pulpito de lombrices blancas. Recomendamos llevar varias líneas, plomadas y anzuelos de repuesto, porque habitualmente se pierden elementos por los obstáculos que presenta el pesquero.

 

 

La fuerza de los dorados

 

 

Cuando nos toque intentar con el “tigre del río”, no debemos escatimar potencia en el equipo, porque al tamaño del pez siempre le debemos agregar el peso y la presión que produce la correntada en contra.

 

Si vamos con bait casting, cañas de entre 1,60 y 2,10 m son más que suficientes, con acción de punta y una potencia no inferior a las 20 libras (9 kilos), que también pueden venir identificadas como “medium heavy”. Y reeles de bajo perfil o huevitos medianos o grandes cargados con multifilamento que no sea menor a las 40/50 libras (18/22 kilos), al que le podemos agregar un par de metros de nylon fluocarbon (es duro y no tiene estiramiento), o bien atar doble el multifilamento en los últimos 2 metros, para obtener mayor resistencia al pique y a la fricción en las piedras o palos.

 

Para pescar con spinning, las cañas pueden medir igual que las de bait, sólo debemos cambiar el reel rotativo por un frontal. También pueden ser cargados con nylon, pero al tener mayor estiramiento muchas veces cuesta traccionar contra la violencia del dorado.

 

Con respecto a los señuelos, no hay que dejar ninguno en casa. En ciertos momentos funcionan los de subsuperficie, otras veces los de media agua y en muchas ocasiones los de fondo. Vale una mención especial para cuando están tomando a flote: una fiesta inolvidable de piques, dorados atacando con vehemencia los poppers o paseantes que tiramos entre los palitos.

 

Si vamos a los colores que mayor frecuencia de piques tienen, tampoco hay algo definido, aunque podemos dar un par de opciones que no fracasan: los negros con algún otro tono que lo corte, y los verdes.

 

 

Rumbo a los malecones

 

 

Recorrí en poco tiempo la autopista que une Ciudad de Buenos Aires con La Plata y muy pronto llegué a la casa de Matías, quien me esperaba junto a Fanny y Sebastián. Acomodamos todo en la embarcación. Le pregunté al guía si había subido la carnada para las bogas. Me dijo que Luis, su padre, estaba pescando con un grupo de la Barra Pesquera de Luján y que tenía para darnos lo que necesitáramos.

 

Anduvimos unos minutos por el interior del pequeño delta que posee el lugar, tramitamos el rol de salida obligatorio en Prefectura y muy pronto nos hallábamos en el lugar de pesca. En ese momento el río estaba en bajante, pero igual decidimos hacer unos tiritos con los señuelos para ver si picaban los dorados. Muy grande fue la sorpresa cuando en el tercer lance Sebastián tuvo la respuesta de un hermoso ejemplar de unos 3 kilos. Y así se dieron varios piques más, señal de que el día iba a ser mágico.

 

Cuando uno pesca con artificiales existe un gran porcentaje de piques fallidos, consecuencia de una clavada ineficiente, de adelantarse en la clavada o pericia del pez para evadir el engaño. En este tipo de pesca y en este pesquero, donde se juntan muchos obstáculos a la hora de arrojar nuestro artificial, la función del guía es fundamental para acomodar la embarcación y poder hacer pescar nuestros señuelos en los lugares indicados, sin pasarnos todo el día lidiando con los enganches.

 

El guía mantiene permanentemente la embarcación en marcha, porque la pesca se realiza siempre a favor de correntada contra los malecones. De esta manera conseguiremos la acción perfecta de nuestros señuelos. Por esta forma de pescar es que hicimos principal hincapié en la potencia del equipo, porque el peso del pez se multiplica al traerlo contracorriente.

 

 

Dirigir la pelea

 

 

Las capturas realizadas durante la bajante fueron varias, destacándose Fanny, nuestra pescadora estrella, con un ejemplar que nada tiene que envidiar a los dorados del alto Paraná. Y varios otros de los buenos dorados se perdieron porque nos fue imposible tratar de pasarlos del otro lado de los palos.

 

Esta advertencia ya la había adelantado Matías, por lo que nos sugirió tratar de pelear al pez en río abierto o sobre el canal, y luego, una vez cansado, intentar acercarlo para liberarlo (quitarle el señuelo con precaución: tomarlo con un bogagrip y con una pinza larga de punta retirarle cuidadosamente los triples).

 

Mientras nuestro grupo seguía con los dorados, mirábamos atentamente a la otra embarcación: se hallaba atada a un palo pescando bogas y no se movía del lugar. Obviamente, presumíamos que estaban realizando una buena pesca.

 

Para los intentos con la boga, el guía debe acercarse muy despacio hasta un palo, enlazarlo con una cabo y soltarse unos 10 metros para tirar un ancla por popa y entre los dos cabos dejar sujeta la embarcación.

 

A la línea hay que arrojarla pegada al palo. Y una vez que hace fondo, estar en contacto permanente con el aparejo: apenas pique la boga hay que clavarla y tratar de que no se enrede o quede nuestra línea entre las piedras.

 

Acercándonos muy despacio a la embarcación de Luis, nos dimos cuenta de la cantidad de piques que tenían. Sólo nos limitamos a acomodarnos y probar cerca de ellos para esperar la creciente y volver a la carga con los dorados.

 

El río comenzó a cobrar fuerza hacia el norte, señal de que la creciente ya estaba firme. Y ahí se agrandó nuestro capitán: “¡Ahora prepárense para lo mejor!”. Y sinceramente no se equivocó. Los piques de dorados fueron constantes y los portes iban de los 2 hasta los 7 kilos, que fue el mayor que pudimos obtener. Los grandes picaban “a la caída”: había que pasar los malecones unos 5 metros y al tercer manijazo atacaban violentamente los señuelos ofrecidos. Obviamente, algunos pudimos acercar hasta la embarcación y otros tantos lograron su libertad por voluntad propia.

 

La alegría desbordaba sobre la embarcación. Me preguntaba qué más se puede pedir cuando uno busca pescar las dos especies más combativas del Río de la Plata. Más de 100 piques de dorados con artificial e innumerables capturas de bogas de fondo. En días siguientes repetimos la salida con resultados semejantes, como para certificar que hoy Berisso se ha convertido en una de las capitales de la pesca deportiva.

 

 

 

 

Nota publicada en la edición 485 de Weekend, febrero de 2013. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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