Bogas y dorados en el Delta al final de la primavera

Al calor del finales de noviembre y diciembre, salen las primeras bogas, tararairas y dorados. Las altas temperaturas renuevan las especies en esa zona. Galería de imágenes.

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Es muy difícil reunir y pescar en un solo ámbito varias especies que atesoren condiciones deportivas y que, asimismo, sean del agrado del pescador. Sin dudas, resulta un poco engorroso dar con estos ámbitos, pero nuevamente vuelve a salvarnos nuestro querido Río de la Plata y todo su Delta. Obviamente está en nosotros, los pescadores, acertar con el lugar elegido y no pasar navegando todo el día en busca de las especies deseadas.

Resultaría mucho más fácil armar un equipo, encarnar los anzuelos, arrojar el aparejo y esperar a que pique cualquier cosa, pero creo esa no es la cuestión.

Siempre es más placentero planificar una pesca y dar con ella de manera deportiva y con los equipos adecuados, la carnada que corresponda y, por sobre todas las cosas, acertar con los pesos de plomos en caso de tener que utilizarlos, la profundidad dónde encontrar la pesca, y saber elegir el momento de marea en el que haya más chances.

En esta oportunidad, en base a la experiencia y a los datos aportados por otros pescadores, decidimos relevar y pescar toda la zona de la desembocadura del riacho Correntoso, un lugar que posee bancos de arena, arroyos, veriles, canales, etc.

Si tuviéramos que ponerle un puntaje al mes de noviembre en cuanto a la efectividad de pesca con las especies estivales, lo calificaríamos con un 9. Y ese puntito que resta sólo lo dejamos porque en la pesca no hay dos días iguales.

La idea era pescar tarariras, dorados, bogas y bagres de mar, y sabemos muy bien que para disfrutar de todas debemos llevar equipos acordes a cada uno. Seguramente podríamos simplificar en un solo equipo toda la pesca, pero siempre en algunas de las especies nos va a faltar o sobrar algo. Por ejemplo, no podríamos disfrutar de la captura de una boga utilizando una caña con la potencia para tirar y soportar 200 gramos de plomo que se necesita para el bagre. Por esa razón, vamos a ir desglosando equipo por equipo para tratar de disfrutar cada pesca.

 

Variedad de elementos

 

La pesca del bagre de mar se realiza en lugares profundos de mucha correntada y para ello deberíamos tener un equipo potente, constituido por una caña de 2,10 hasta 2,50 m de acción de punta y no menos de 25 libras de potencia (1 libra: 453 gramos), un reel rotativo con capacidad para cargar 200 m de nylon 0,40 mm (mejor utilizar multifilamento de 24 mm, porque a menor resistencia en el agua, menos peso de plomo empleamos), plomos de diferentes modelos (redondos, chatos, pirámides) de 150 hasta 300 gramos, y anzuelos 4/0 al 6/0 atados con nylon 0,60mm.

Este tipo de pesca plantea dos opciones. Una es a favor de la correntada y otra muy distinta enfrentándola. Cuando pescamos a favor de la corriente, lo ideal es emplear un aparejo corredizo de un solo anzuelo, o sea, colocamos entre dos esmerillones un plomo corredizo sobre una madre del 0,80 mm (para soportar el roce) y le atamos al ultimo esmerillón una brazolada de 1 m de largo. A esta línea la arrojamos levemente hacia un costado, y soltando hilo la dejamos derivar hasta que apoye completamente en el fondo. Esto es fundamental para lograr piques: si la línea no está totalmente fondeada, es muy difícil dar con el mimoso.

La otra opción es pescar en contra de la correntada. En este caso es mejor usar un reel con nylon fino (0,30 mm), atándole una salida o chicote de unos 6 m de nylon 0,60 mm. A este aparejo le agregamos dos brazoladas de 80/90 cm y un plomo del tipo “ancla o satélite” para que retenga la línea. El modo de empleo: tirar tomando como referencia la soga del ancla (unos 15 m a los costados), largar mucho nylon hasta que apoye el plomo y cerrar ahí mismo el reel. De esta manera trabajarán las dos brazoladas bien extendidas a favor de la corriente.

Para pescar la boga podemos usar equipos livianos, tanto con reeles frontales como rotativos cargados con nailon 0,25 mm en cañas hasta 2,50 m, acción de punta y aparejos corredizos con dos brazoladas no muy largas y anzuelos del tipo Maruseigo números 10 al 14.

También podemos pescarlas con una sola brazolada y con un aparejo similar al del bagre, pasando un plomito corredizo en la madre y atando la brazolada de un esmerillón chico.

Cuando de taruchas y dorados se trata, podemos simplificar equipos, tanto para usar carnada natural como artificiales. Para carnada, una caña de 2,10 m con reel frontal o rotativo cargado multifilamento de 30 libras, anzuelos 6/0 al 8/0 atados en un leader de acero de 40 libras y 30 cm de largo, y un plomito corredizo que, según la fuerza de la corriente, puede variar entre los 10 y 40 gramos.

Si queremos pescar de flote, podemos armar un aparejo sobre madre del 0,60 mm con una boya redonda o del tipo zanahoria.

Y si la idea es pescar con artificiales, cañas cortas de bait-casting o spinning (hasta 2,10 m), y la caja de señuelos cargada con artificiales de flote, media agua y de fondo, porque el pescador nunca sabe qué puede pasar, aunque siempre sepa dónde y cómo buscar las especies.

 

Hacia el pesquero

 

Para llegar al riacho Correntoso podemos hacerlo por río abierto utilizando los palos hacia Martín García y luego transitar el canal hasta el destino. O bien, un viaje más tranquilo por el interior del Delta.

Para realizar el relevamiento nos tocó un día ventoso en el momento de salir, así que navegamos todo por adentro sin sufrir ningún sobresalto. Como el río estaba en creciente, lo primero que fuimos a buscar fueron los bagres de mar, ya que es el momento en el que comen y en el que se da mayor eficacia.

Elegimos un sector del veril del canal, unos 5 km antes de llegar al Correntoso, zona que tiene aproximadamente unos 15 m de profundidad, tiramos el ancla y una vez que estuvimos bien fondeados, comenzamos a preparar los equipos, que fueron encarnados con calamar, sardinas y anchoas. Tuvimos que esperar un rato para obtener la primera respuesta, pero fue un lindo bagre de unos 3 kilos. Así fueron sucediendo los piques, espaciados, pero entre algún que otro descarnador, sobresalían los típicos cabezazos del mimoso cuando pica.

Un par de horas resultaron suficientes para saber que ya estaban picando y decidimos ir por otra especie, la boga.

Tuvimos que cambiar los equipos y navegamos hacia los bancos que cubren toda esa costa. Anclamos de proa y con un grampín de popa dejamos acomodadita la lancha para que todos pesquemos tranquilos.

Algunos pusimos aparejos de dos anzuelos y otros de uno, encarnados con varias opciones (daditos de sábalo, corazón vacuno y salamín). Los piques se dieron espontáneamente, pero las capturas no fueron muy grandes, solo algunas que llegaron a los 2 kilos. Es una pesca apasionante, donde muchas veces hacemos agua en el momento de la clavada.

Final dorado

Cubierta esta especie y con varios piques efectivos, nos metimos en el arroyo Lima para buscar alguna tarucha. Intentamos con carnada y señuelos, y las dos opciones fueron válidas. Tomaban el bagre amarillo como si fueran caramelos blandos. Mucho pique, mucha pesca. Los señuelos que más rindieron fueron los de paleta shallow y babero. También los de látex cuando probamos en sectores sucios de vegetación.

Salimos del arroyo Lima por la parte baja y cruzamos el canal en busca de los bancos de la isla El Matón. La idea era garetear para los dorados. Y parecía que nos estaban esperando: tanto con carnada como con señuelos, se dieron en muy buena forma, cantidad y calidad, con algunos que superaron los 5 kilos.

Todas las especies que nos propusimos pescar, las pescamos. Más no pedíamos pedir. Y ahora a disfrutar de noviembre, sin dudas el mes estrella del verano.

 

 

Nota publicada en la edición 482 de Weekend, noviembre de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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