Un explorador sin límites

El sueco Mikael Strandberd recorrió casi todo el mundo, buscando tener una nueva aventura en su haber. Desde Chile hasta Siberia, no hay secretos para él. Galería de imágenes.

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Dice que en su opinión, un aventurero es alguien que enfrenta peligros para mostrarlos al mundo, y que él no tiene nada que ver con eso. Tampoco se considera un naturalista porque no ostenta formación académica.

“Diría que lo que hago es explorar para crear un puente de entendimiento entre diferentes culturas, para dar a conocer distintos mundos. Es por eso que conozco el refranero criollo y el Martín Fierro, luego de haber vivido un año en Santa Cruz, Chubut y Chile”, resume Mikael Strandberg.

En la casa de sus padres en Dala-Järna, Suecia, había solamente dos libros: Colmillo Blanco y Lobo de Mar, de Jack London. Mikael tenía 10 años y el día que empezó a leerlos simplemente se los devoró.

Y al terminarlos supo que había descubierto un mundo nuevo y maravilloso, y que su futuro iba mucho más allá del pueblo donde vivía. Así, a los 16 años partió para India con la idea de estudiar budismo… pero al final terminó viajando de aquí para allá y volvió a su casa cuando se le terminó el dinero.

Weekend: ¿Y cómo siguió todo?

Mikael Strandberg: Volví con la idea de dedicarme a mostrar otros mundos a través del video, la fotografía y la escritura, pero pronto vi que a nadie de allí le interesaba. Entonces entendí que tenía que hacer cosas que nadie había hecho, así que los siguientes siete años me dediqué a andar en bicicleta desde Chile a Alaska, de Noruega a Sudáfrica y de Nueva Zelandia a Egipto. Realmente tuve el privilegio de vivir un sueño.

W: ¿Por qué Siberia en 2004?

M. S.: Fue un proceso natural: luego de andar en bicicleta, de estar un año de a caballo en la Patagonia y de vivir con los massai, yo, un sueco criado en el frío escandinavo, sentí que mi gran objetivo era ir al lugar más frío de la Tierra y saber cómo viven sus habitantes. Y estaba en lo cierto pues esa experiencia cambio mi vida para siempre.

W: ¿Cómo fueron los preparativos?

M. S.: Primero me mudé al lugar más frío de Escandinavia, Särna, donde viví durante dos años durmiendo a la intemperie con temperaturas que iban de 20 a 35 grados bajo cero. Comía las comidas más calóricas que podía, hacía ejercicios de fuerza durante tres horas por día, cazaba y pescaba para comer y, cuando podía, buscaba sponsors para mi aventura.

W: ¿Cuánto duró la experiencia?

M. S.: La experiencia me llevó alrededor de un año. El día que llegué al pequeño poblado de Kolymskaya, en Siberia, fue el momento más feliz de mi vida de explorador porque eso significaba el fin de una de las partes más demandantes de la expedición por el río Kolyma, uno de los lugares habitados más fríos del planeta. Es que junto con mi asistente Johan habíamos pasado los últimos 5 meses experimentando un frío terrible que no nos dejaba dormir, que nos produjo sabañones en los dedos y en la cara, y que arruinó las partes metálicas de nuestros equipos, con lo cual en vez de llegar esquiando, al poblado llegamos a pie. Parecía que cada habitante estaba ahí para darnos la bienvenida, ya que se mostraron muy amables y muchos de ellos tenían puestos sus trajes tradicionales.

W: ¿Cómo los recibieron?

M. S.: Con alegría y platos llenos de delicias caseras. Después de haber estado viviendo en base a ciervo y pescado crudo durante el invierno, casi nos pusimos a llorar cuando vimos comida caliente. En ese momento comprendí que es tonto preocuparse por los temas que nos preocupamos en la vida diaria y decidí concentrarme solamente en las cosas simples, como un plato de comida.

W: ¿Fue fácil la comunicación?

M. S.: La gente de allí pertenece a diversas tribus locales. Es curioso, porque viven en el clima más difícil del mundo, pero tienen una gran mirada sobre la vida, abunda la risa, la generosidad, la calidez y una intrínseca sabiduría.

W: ¿Alguna vez estuvo o sintió haber estado en peligro?

M. S.: ¿Usted se refiere a estar cerca de perder la vida? Bueno, acabo de volver de Yemen donde los morteros estaban demasiado cerca para mi gusto, estuve a punto de ser raptado y fui detenido por los rebeldes. Pero sobreviví. También estuve muy cerca de leones, tigres y elefantes, y sufrí de malaria durante dos años y también sobreviví, al igual que a climas extremos donde un error cuesta la vida. Así que creo que, dado que aún estoy vivo, no estuve nunca en peligro verdadero.

W: Aparte de la carpa, ¿cuál es para usted el elemento más importante cuando sale de viaje?

M. S.: No, la carpa no es importante. Soy un hombre acostumbrado a lo agreste, así que para mí lo fundamental es un cuchillo. Con eso puedo sobrevivir, pues sirve para conseguir comida, hacer fuego y muchas otras cosas. Con un buen cuchillo alcanza.

W: Hablando de Yemen, ¿a qué fue?

M. S.: Fui a recorrer en camello el país más hermoso e interesante de la Tierra. Por ahora hice la mitad del recorrido y pronto volveré a terminarlo. Es un viaje a través de otro clima extremo: el tórrido desierto de Rub Al-Khali y montañas que superan los 3.600 metros. Mi idea es hacer un documental que muestre el mundo árabe y el islamismo, tal como es. Nadie lo ha hecho de este modo hasta hoy.

W: ¿Cuáles son sus planes a futuro?

M. S.: Adoro Argentina y mi sueño es poder vivir en Buenos Aires con mi familia algún día. Me gusta su gente, su carisma, lo apasionados que son, el tango, la Bombonera y, por supuesto, el asado. Y también me gustaría vivir un tiempo en una estancia de la Patagonia para que mis hijos conozcan ese tipo de vida. Me siento afortunado por haber conocido esta parte del mundo. ¿Quizás alguien en Argentina esté interesado en un explorador como yo?

 

Nota publicada en la edición 481 de Weekend, octubre de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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