Recursos para improvisar un iglú de emergencia

En una situación de supervivencia no está demás saber cómo construir un refugio temporal en la nieve.

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El cambio de clima en la montaña es repentino. A una tarde soleada puede seguirle un flor de chubasco o una interminable nevada. Y si hablamos de nieve, improvisar un iglú como refugio será el modo más efectivo de permanecer a resguardo.

Si son varios los excursionistas y, de casualidad, todos están prácticos en la construcción de un iglú en bloques, la tarea será sencilla y bastante rápida: alcanzará con cortar ladrillones de nieve lo suficientemente compactada en forma espiralada hasta formar una bóveda, con una entrada protegida del viento, que podrá ser subterránea o bien con un pared de hielo que proteja el acceso.

Pero si se trata de una o pocas personas sin experiencia en este tipo de refugios, lo mejor será improvisar un iglú teniendo en cuenta que debe dar cabida con una mínima libertad de movimientos a la cantidad de personas que formen parte de grupo y su equipo. Aunque si son cuatro o más, conviene armar dos iglúes separados para levantar una estructura pequeña y sencilla.

La construcción es simple. Se marca un circulo en un área despejada y se aprovecha la nieve suelta de lo que será el habitáculo para formar bolas grandes que iremos presionando para darles rigidez y firmeza, de forma tal que soporte el peso de las hileras que colocaremos sobre las primeras al levantar la pared. Siempre en círculo y en forma abovedada, con una altura que no supere la de una persona arrodillada y su diámetro no sea mucho mayor al largo de una persona recostada. Tengamos en cuenta que a mayor volumen, más aire frío habrá en el interior.

Conviene siempre ir levantándo el iglú desde adentro, de modo que al colocar bloque sobre bloque al mismo tiempo podamos ir emparejando la pared interna, lo que facilitará el escurrido sobre ésta de la nieve que vaya derritiéndose. Una canaleta alrededor de la pared conectada a un pequeño foso al costado de la entrada, recogerá el agua resultante del calentamiento del refugio por la temperatura corporal, la respiración y el encendido de un calentador para cocinar.

La entrada al iglú deberá ser pequeña, la justa medida como para que él o los ocupantes entren gateando, y frente a ella se levantará una pared que frene el viento. Conviene también para favorecer la renovación del aire interior, efectuar un pequeño agujero en la pared a media altura. De este modo, podremos sobrellevar una noche a una confortable temperatura de entre 0 y 15ºC.

 

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