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Un paseo por el Barreal sanjuanino

Este poblado del norte argentino tiene mucho para ofrecer. Es un atractivo destino donde entretenerse y pasar algunos días en uno de los paraísos del Noroeste del País. Galeria de imágenes.

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El sol aquí es cosa de todos los días. Y como las precipitaciones tienen menos de 100 mm al año, que alguna vez esté nublado no cambia mucho la ecuación, salvo por un descenso de temperatura: Barreal, el vallecito de Calingasta, el río Los Patos, alamedas, cordillera lejana de cumbres nevadas y precordillera multicolor del Tontal, aventura en variados estilos… Vía libre para conocer, divertirse y también relajarse en este bellísimo paraje ubicado a tan sólo 220 km de San Juan.

Resulta un largo vergel de fincas el valle de Calingasta. Flanqueado por el desierto sanjuanino, y gracias al río Los Patos que allá arriba en las montañas da nombre al histórico paso sanmartiniano, estalla en verdes de alamedas, manzanos, perales y aromáticas. Y Barreal, cuyo trazado urbano se extiende a lo largo del río por 11 km, resulta un pueblo tranquilo desde donde uno puede animársele al descubrimiento.

Al alcance de la mano

Su ubicación es estratégica. Todo lo bueno y divertido queda cerca. Y las propuestas son, verdaderamente, para todos los gustos y preferencias. Desde aventuras cargadas de adrenalina hasta otras ligeras de un par de horas, desde simples paseos en los cuales contemplar paisajes hasta la posibilidad de jugar un rato al astrónomo durante la visita a dos observatorios ubicados en el Parque Nacional El Leoncito.

El pueblo es sencillo y prolijo, típica urbe rural que desde hace unos pocos años también se adaptó al turismo con la apertura de numerosas posadas, cabañas y hosterías que sorprenden por el nivel de atención y el servicio brindado. Un paseo por su calles mayormente de tierra conduce entre lotes abundantes en frutales y álamos que regalan linda sombra en verano, siempre con imágenes montañosas poniéndole marco a la vista. La finca De Mi Campo o la casa de dulces caseros Don Elisandro, son recomendables para una visita ya que venden productos artesanales, desde jaleas, mermeladas, pesto, condimentos y té, hasta bolsitas de aromáticas para perfumar placares. También acercarse a la bodega boutique Entre Tapias, con una producción de sólo 20.000 litros anuales, permite degustar delicados vinos ($ 10 la copa o 50 la botella) sauvignon blanc, malbec, cabernet y el exclusivo pinot gris, variedad de uva traída de Italia por el abuelo de Vidal Ossa, el dueño, a principios del siglo XX y de la que no hay más en Argentina.

Paisajes de aventura

Ahora bien, los colores y formas a las afueras de Barreal son como un imán para las almas inquietas. Que haya un cerro significa que una caminata, bicicleteada o cabalgata son parte del menú. Pero con la cordillera al oeste y las sierras del Tontal al este, la carta es tan extensa que puede ser difícil la elección.

Sebastián Navarro es el biker local que lleva a la gente a pedalear los magníficos recovecos del Tontal (la cordillera se la reserva para ciclistas experimentados en salidas de varios días). Cualquiera sea el nivel el dificultad elegido, entre senderos que serpentean trepando y bajando lomadas, cauces secos de arroyos temporales, jarillales y grabados rupestres milenarios en piedras multicoloridas, las salidas regalan horas de diversión siempre con la imagen de dos íconos del montañismo a la vista: más lejos el mendocino Aconcagua, y casi tan cerca que parece poder tocárselo, el Mercedario. Ambos nevados y majestuosos.

Los circuitos también coinciden con los que se hacen a pie o a caballo: Cerros Pintados, para descubrir a minas de bentonita abandonadas y troncos petrificados; el cerro Colorado, entre curiosas formas talladas por la erosión, y una de las más recomendables: los Escalones, a los que se llega a través de una quebrada rojo sangre por el cauce seco de un arroyo. Son una sucesión de saltos de un par de metros de altura que se deben trepar para continuar hasta un claro. Lo lindo es hacer esta caminata a última hora de la tarde para contemplar el atardecer sobre la cordillera y con luz de luna emprender el camino de regreso, en una experiencia que pone en juego otras sensaciones.

A escasos 25 km al sur de Barreal, surgen dos lugares increíbles. Uno de ellos es el Parque Nacional El Leoncito, de 89.907 hectáreas y creado en 2002 para proteger las provincias fitogeográficas monte, puna y alto andina, y con ello conservar la pureza de un cielo de los más ideales del mundo para la observación astronómica. De hecho, aquí se han instalado dos observatorios (Complejo Astronómico El Leoncito, Casleo, en 1983, y Dr. Carlos Cesco, en 1964), abiertos al público en visitas guiadas que permiten conocer los gigantescos telescopios, y hasta observar el cielo en paseos nocturnos especialmente programados.

Saliendo del parque, llama la atención al oeste, al otro lado de la ruta, una llanura blanca de 13 km de largo por 4 de ancho que surge en un verde mar de vegetación achaparrada. Se trata del Barreal Blanco o Pampa del Leoncito, sitio emblemático desde lo deportivo porque es uno de los principales campos mundiales para prácticar carrovelismo. Y desde lo geológico porque se trata de un prehistórico sistema lacustre que con el deslave de los cerros fue cubriéndose con sedimentos.

Don Rogelio Toro es quien presta el servicio de carrovela cada tarde entre octubre y marzo, cuando soplan los vientos adecuados, cada cual con sus características: el cordillerano o conchabado es el más frecuente aunque moderado, mientras que el del sur es el más fuerte. Es curioso eso de andar en un triciclo velero de paseo, alcanzando velocidades de hasta 40 km/h (lo modelos deportivos profesionales son capaces de superar los 180), levantando polvareda y dominando la marcha tal como se domina la navegación de un velero. Sin dudas es una de las actividades más divertidas de un viaje a Barreal, que tiene demasiados atractivos, tantos como uno quiera y el tiempo le dé oportunidad de conocer.

 

Nota publicada en la edición 475 de Weekend, abril de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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