Pescando en familia en Galápagos

El grupo vivió una experiencia inolvidable en las islas ecuatorianas, donde disfrutaron de buena pesca de mar, que incluyó enormes ejemplares. Galeria de imágenes.

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Cuando Carlos Orifici me llamó para realizar un tour de pesca a Galápagos, lo primero que me preguntó fue: “¿Cuántos pescadores tienen que ser para contratar un barco en exclusividad?”. Debo reconocer que nunca me imaginé que este grupo estaría conformado por gran parte de su familia, yaque recién cuando lo llamé para pedirle los datos de los integrantes del tour me enteré de que viajaría junto a sus padres (Toto y Stella), su pareja Lorena y uno de sus hijos, Santiago.

Mi preocupación no pasaba solo por la pesca. Ocurre que las comodidades en este archipiélago son totalmente diferentes a otros destinos y no sabía cómo podían sentirse ante esta situación los mayores de la familia. Además tenía que organizar programas en tierra para que las damas delgrupo también aprovecharan el viaje.

Todas estas incógnitas quedaron atrás ni bien nos encontramosen Ezeiza. Apenas los conocí personalmente me di cuenta de que se trataba de una familia muyespecial, con mucha buena onda y vitalidad, lo que me dio una gran tranquilidad.

Agradable sorpresa

Como en todas las visitas a Galápagos, el mismo día que llegamos a San Cristóbal nuestro operador ya nos tiene preparada la embarcaciónpara realizar un tour por algunos de los paisajes paradisíacos, como IslaLobos, Manglecito, León Dormido, etc. Y para finalizar esa jornada,una pesca de un par de horas en unsitio muy cercano al puerto, donde por lo general hay muy buenosatunes albacoras y amberjack.

Grande fue mi sorpresa cuando todos los integrantes de la familia yallevaban más de tres horas a bordoy ninguno se había descompuesto por los movimientos delbarco. Ymás sorprendido quedé cuando tuvimos el primer pique de un muy buen atún, y Totodemostró ser el más apasionado para la pesca. Así fui conociendo a cada uno de losintegrantes, y empecé a relajarmeporque todos se adaptaban sin problema a cualquier tipo de programa que seproponía, tanto en tierra comoen las salidas de pesca.

Carlos ya me había manifestadoantes de viajar que susaspiraciones con la pesca eran simples. Pero la regla dice queel que menos pretende más obtiene, y la pesca que hicimos encuatro días fue más que buena. La verdad es que pescamos prácticamente todo lo que hay en esta isla, y en todas sus modalidades.

La lista incluyó atunes, amberjack, wahoos, diferentes especies endémicas y seis marlin, cuatro rayadosy dos azules de entre 60 y 120 kilos. Nuestra primera jornada la dedicamos completamente a la pesca chica,como denominan los lugareños a las capturas de atunes albacoras,wahoos, amberjack, pargos y varias especies más (endémicas del archipiélago), que de chicas no tienen nada, ya que algunos ejemplares superanampliamente los 40 kilos.

Los picudos en acción

Comenzamos haciendo trolling en un bajo a unos 40 km de la islas San Cristóbal, y a los pocos minutostuvimos piques de atunes y wahoos de muy buenos portes. Por supuesto, el que tuvoprioridad en esos piques iniciales fue Toto, el más apasionadoen esta fantástica actividad que es la pesca deportiva.

Una emoción que luego volvió a brotar al ver a su hijoCarlos y a su nieto Santiago capturando los primeros ejemplares. Al observar la escena me imaginaba ami padre y a mi hijo pescando junto a mí, y pude comprender el sentimiento de tres generaciones unidas en semejante paraíso. Ese día transcurrió con gran cantidad de capturas de todo tipo de especies. Y, como hago siempre,traté de trasmitirle a los tres mi pasión por la pesca a jigging que ellos nunca habían realizado. Bastó quetuviesen los primeros piques en esta modalidad para que se fanatizaran.

El trolling quedó a un lado,utilizándolo sólo cuando los cardúmenes de atunes se dispersaban enbusca de su alimento. En esa primera excursión, Lorena y Stella decidieron quedarse en la isla para hacer un poco de turismo y conocer una gran cantidad de lugaresque las fascinaron. Durante la cena, Carlos me propuso dedicar el segundo día depesca exclusivo para la captura de marlines, por lo que a la mañana siguiente, muy temprano, volvimos a salir los tres hombres de la familia,y yo a intentar con estos colosos.

Si hay algo que tengo claro en cadauno de estos viajes, es que todo pescador tiene el sueño de capturar un pez de pico. Así que éste era un díamuy especial, ya que ninguno de los tres había vivido esa experiencia.Y a solo 20 minutos de comenzar el trolling tuvimos el primer pique de un marlin rayado. Uno de los marineroslogró clavarlo y pasarle la caña inmediatamente a Toto, quienlo tuvo por más de 10 minutos. Pero realmente la potencia de estos peces es tal que, conmucho criterio, cedió la caña a su hijo Carlos, para quedespués de unos 20 minutos más lo pudiera acercar a la borda, subirlo,hacer esa foto tan preciada y devolverloal agua sin el menor daño. Un poco más tarde tuvimos un muybuen pique de otro marlin rayado.

Esta vez intentaría Santiago,que con solo 15 años y una pasión heredadade su abuelo y su padre, lo peleócon toda intensidad hasta agotar sus fuerzas, y nuevamente el ritual detoma de fotos y liberación. Ese día tuvimos en total seispiques, todos de marlin rayado, de los cuales cuatro logramos llevara la borda y dos se perdieron. Eldesgaste que generó la captura de estos peces en el abuelo y el nieto, hizo que Carlosse encargara de pescar los restantes, emprendiendoel regreso a puerto con una cosecha más que satisfactoria.

Más paseos y más pesca

Nuestro tercer día fue un tanto diferente: la familia había decidido hacer las excursión todos juntos, y para que no fuera tan cansador seresolvió efectuar una combinación de pesca con turismo,recorriendo algunos atractivos cercanos a la islaen donde, además de pescar, se podía apreciar la fauna única queposee este lugar.

Para mi sorpresa, en los pocos sitios donde decidimos pescar,Lorena y Stella demostraron ser grandes pescadoras y por momentos hacer ruborizar a los hombrespor los portes que lograban. Realmente fue una jornada diferente también en lo personal: que me hayan permitido ser parte de esa familia de pescadores por un día es algo que jamás voy a olvidar.Solo nos quedaba una salida de pesca.

Decidieron apostar nuevamente a los marlines, perosolo participarían Lorena, Carlos y Santiago.Navegamos al mismo sitio en donde dos días antes habíamos tenido tanbuenos resultados. Y fue otra jornada extraordinaria. Si bien en total tuvimos cinco piques, y logramos llevar a la borda solo dos, se trataba de marlinesazules, especie de la familia delos picudos mucho más potente y de mayor porte por lo general que los rayados, y querondaron aproximadamente entre 80 y 120 kilos.El último día del tour nos trasladamos hasta la isla de Santa Cruz paradisfrutar de su increíble fauna. Sobre todo visitar la estación Darwin en donde se encuentran las tortugas Galápagos, y recorrer esta isla que es la más turística de todas. Lospescadores que creen que esta actividad sólo se puede disfrutar entre amigos, se sorprenderán el día que descubran que la familiapuede ser parte fundamental de esta experiencia. Y seguramente van aencontrar una motivación extra que los va a llenar de satisfacción.

Nota publicada en la edición 478 de Weekend, julio de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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Un comentario en esta nota

  1. miguel | 15/07/2012 | 2:48 PM

    como se hace para poder publicar la experiencia de la pesca con amigos de un marlin azul de 120 kg en punta cana

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