El otro bosque de Mar de las Pampas

Un recorrido por los sitios donde se valora la calma, se fomenta la vida en familia y no hay jueguitos electrónicos ni boliches bailables. Propuesta desarrollada por Weekend en Las Gaviotas, Mar Azul y Mar de las Pampas.

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Un cul de sac por aquí. Otro más allá, y otro. Así es como llaman en Mar de las Pampas a las calles sin salida que, lejos de ser un engorro, son muy valoradas en este pueblo costero a 5 km de Villa Gesell, y que propone una tentadora forma de estar en el mundo: vivir sin prisa. Pero andar con calma no consiste, en este caso, en tirarse en una reposera a no hacer nada. Porque es bien sabido que muchas veces no tener actividad puede resultar estresante, aburrido y hasta desencadenar reyertas familiares, sobre todo cuando durante el año se vive a un ritmo de F1.

Los sonidos de la naturaleza

De lo estresante que puede resultar la tranquilidad, a priori sabe bastante Silvina Villar, una exporteña y residente en Mar de las Pampas desde hace nueve años y propietaria de las cabañas Calamoresca. “Ya cuando bajan del auto uno se da cuenta del nivel de acelere con que llegan los turistas; el mismo que yo tenía antes de venir a vivir acá”, cuenta mientras agrega que en promedio la gente tarda dos días en bajar la ansiedad y disfrutar del bosque, la calma y la playa.

Es que esta idea de vivir sin prisa plantea la serenidad como el inicio del placer, porque cuando se está tranquilo se puede disfrutar de otras cosas, como el silencio,el no pensar todo el tiempo en algo, y sobre todo de la naturaleza. “Una vez, un pasajero me pidió que hiciera algo con las ranas porque no lo habían dejado dormir”, recuerda Silvina. “Y en un caso así es una buena oportunidad para preguntarse si el problema son las ranas o uno mismo”. El cuidado del ambiente e inculcar prácticas sustentables (como ahorrar agua y energía) es otro punto importante en Mar de las Pampas. Alfredo Leali, del Apart Silvestris, coincide con esta visión, al punto tal que a sus huéspedes les ofrece un fin de semana gratis en temporada baja si durante una semana no usan el auto, como una forma de contribuir a evitar el cambio climático y a que la gente retome el hábito de caminar.

“El primer año se adhirió muy poca gente, pero hoy son muchos los que llegan y nos dan la llave del auto para no tentarse, y también los que vuelven preguntan si la promoción sigue vigente”, agrega. El establecimiento posee otras iniciativas ambientales como tener toda la iluminación con LED, que consume 10 veces menos que la de bajo consumo y 80 veces menos que la común, y usar paneles solares para iluminar y climatizar la pileta.

Tiempo para saborear

Gran parte de los residentes de Mar de las Pampas son personas que se fueron de las ciudades buscando otra forma de vida: un emprendimiento con horarios propios, más espacio con la familia,menos viaje en subte y más tiempo libre. Tal es el caso de Liliana y Osvaldo, quienes llegaron a este pueblo hace 12 años y tienen su restaurante -Cabaña Huinca- que se distingue por estar construido con ciprés, tener un estilo patagónico, y por las bruschettas, pastas y dulces caseros. “Nos enamoramos de este lugar lleno de calma y de pájaros”, cuenta Osvaldo, que antes trabajaba en un free shop y ahora reparte su tiempo entre la producción de cerveza artesanal (600 litros por temporada), el restaurante y la música.

Desde la barra de Puerto Pampa, donde los turistas van a buscar las pizzas gourmet con queso brie,jabalí, salmón,ciervo y masa con tinta de calamar, Norberto y Rossana cuentan su anécdota preferida: “Una vez un cliente nos dijo ‘no tomo, pero me gusta sentir el aroma de las cosas’, para pedirnos que le dejáramos oler la variedad de cervezas que teníamos”. Norberto también se dedica a la producción de cerveza y antes era gerente de una empresa de indumentaria deportiva.

Flori y Elías son los dueños de Aike Malem y, siguiendo la tradición familiar, ofrecen comida judía, donde el guefilte fish o terrina de pescado, los varenikes y los knishes combinan perfecto con vino, o (¡de verdad!) con limonada con un toque de menta y jengibre. Además, tienen su propia huerta, lo cual garantiza verdura y aromáticas fresquísimas.

La oferta gastronómica se complementa con La Casa del Mar, cuyo chef, recién llegado de Ibiza, ofrece variedad de pescados (se recomienda el pargo en costra de jamón crudo y cous cous de langostinos), ostras, vieiras. Y con el restaurante Viejos Tiempos, que se especializa en comida mexicana. “Pero no solo tacos y fajitas”, advierte Dardo, su propietario y pionero en la zona, que llegó en 1989, cuando apenas había cinco familias. El fuerte de la casa es la enchilada, el chilaquile de pollo y el trago Margarita. Para finalizar, el cafecito con algo dulce se puede tomar en Valle, “la” panadería-bar de Mar de las Pampas.

Mar Azul

Además de la clásica excursión en cuatriciclo hasta el faro Querandí -que sale desde el centro de Mar Azul y puede hacerse tanto de día como de noche-, y de la playa, el gran atractivo de este pueblo es el Camino de las Artes y Artesanías, que consiste en un recorrido por los talleres y viviendas de los artistas locales con la finalidad de pasear,conocerse y comprar obras, que van desde imanes para heladera hasta esculturas, joyas y cuadros.

Liliana Chernicoff es una de las artistas plásticas que hasta 2001vivió en Avellaneda y lo que más disfruta de su nuevo lugar en el mundo es la tranquilidad, que ayuda a la introspección y a la creación. “El Camino… surgió hace seis años, a partir de buscar una alternativa a los shoppings”, cuenta. “Queríamos mostrar que existen otras cosas y otros lugares, como nuestros talleres-viviendas que están diseminados en el bosque”.

La iniciativa atrae a muchos turistas que se enteran por afiches y catálogos que se reparten en la playa, y por el boca a boca. “La gente viene para conocer lo que se hace aquí. Todos preguntan: ‘¿Vos vivís acá? ¿Qué hacés en el invierno?’ ‘Hago esto’”, explica entre risas Elga Botto –otra de las artistas– mientras muestra uno de sus grabados. “Les llama la atención que un lugar de veraneo tenga esta movida y esta producción.”

Ana Giménez es ceramista y en su taller se respira el aire del trabajo en proceso: el torno en acción, piezas por terminarse colores aquí y allá. Hace 12 años que vive en Mar Azul y disfruta de la experiencia de estar con la gente, pero también de la soledad que proporciona el lugar. “A veces comienzo con la idea predeterminada de hacer un cuenco, pero termina saliendo una jarra”, ilustra para referirse al proceso creativo.

Es que el silencio, las horas para trabajar y el contacto con uno mismo estimulan y dan espacio a la imaginación. “El primer gran cambio que ocurre cuando uno viene a vivir aquí es que te relacionas estrechamente con la naturaleza y seguís sus tiempos y ritmos”, describe Liliana. “En invierno, a las cinco de la tarde, ya me guardo porque el día se termina a esa hora y es momento de meterse para adentro, de hacer cosas con uno mismo. Muchas parejas que vinieron a vivir aquí se separaron porque estar todo el día juntos es una gran prueba… que también puede resultar maravillosa”.

 

Nota publicada en la edición 472 de Weekend, enero de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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