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Alsina picó en punta

Muy buen comienzo de temporada en la laguna Alsina. Pejerreyes de portes atractivos y gran cantidad de piques. Galería de fotos.

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Sergio Taha es un gran conocedor de la zona de Guaminí y un excelente guía de pesca. Por eso, cuando recibimos su invitación, sabíamos que los buenos resultados estarían garantizados. Además, Sergio tiene alma de maestro, por lo que compartir una lancha con él es aprender siempre algo nuevo en este mundo de cañas y reeles.

En el partido de Guaminí son varias las lagunas que en épocas pasadas hacían las delicias de los pescadores. Podemos citar a Del Monte, El Venado y Cochicó. Pero en esta oportunidad optamos por Alsina, que presenta un gran caudal a diferencia de las restantes, con poca agua y pesca exigua.

Partimos muy temprano desde la laguna de Cochicó, que dispone de muy buen alojamiento, hacia la Alsina, y allí embarcamos en el pesquero Alberca. Alsina tiene un formato alargado, de unos 13 km de extensión y una superficie aproximada de 7.200 hectáreas, con una profundidad promedio de 2,50 m. En todo su perímetro hay cantidad de entradas, bahías e islotes, lugares estratégicos para intentar la pesca del pejerrey.

Cuando embarcamos el viento era moderado, y el guía aconsejó intentar con la lancha anclada. La idea era probar diferentes aparejos, ya que aquí el pejerrey es muy cambiante: donde una línea funciona, dos metros más allá no ofrece ningún resultado.

Versátiles muy eficaces. Mientras navegábamos podíamos distinguir los borbollones a los costados de la lancha, lo que presagiaba una excelente jornada. Llegados al lugar elegido, fondeamos con dos anclas para trabajar más cómodos. A bordo eramos cuatro pescadores: Gabriel, Eduardo, Sergio y yo.

Me incliné por un paternóster y mis compañeros usaron línea versátil (ver dibujo), un aparejo de dos boyas que consiste en un puntero armado tipo paternóster, con una brazolada larga, en este caso de 2,50 m, y un pequeño plomo pasante de tres gramos. En ese tramo de nailon se colocan tres o cuatro anzuelos atados al hilo o enganchados con microesmerillón. Esta boya se arma entre nudos corredizos para variar la profundidad. La de atrás, es decir la más cercana al pescador, puede ser una yo-yo chica o una chupete, con el agregado de un rotor yo-yo que permita aumentar o acortar la profundidad a la que trabajan los anzuelos.

Con las líneas en el agua, la aparición de los pejerreyes no se hizo esperar: eran de buen tamaño, de entre 30 y 35 cm, y los más chicos los devolvíamos al agua. Las versátiles se llevaron todas las palmas. Mis tres compañeros no dejaban de pescar, siempre en la brazolada de mayor profundidad.

Cambiamos de lugar para ver si dábamos con peces más grandes, desplazándonos unos 1.000 m. En ese sitio el paternóster fue el aparejo más rendidor, con una importante cantidad de capturas por debajo del metro de profundidad. Sin embargo, el porte de los pejerreyes era el mismo.

Como el viento había disminuido su intensidad, decidimos garetear. Balanceamos la velocidad de desplazamiento del bote dejando que un ancla se arrastre por el fondo, dándole más o menos metros de cabo según fuera necesario, y las boyas comenzaron a moverse en forma correcta.

En esta modalidad hay que acomodar la caña paralela a la superficie del agua y tener el pick up del reel abierto para que el nailon salga sin tironeos. Se puede usar nailon o multifilamento flotante, pero si el viento es fuerte lo mejor será emplear nailon con flotalíneas, ya que se pega mejor al agua y vuela menos. Tampoco se desplaza de costado ni forma panzas que generan enredos. La línea siempre debe venir perpendicular al bote, y será necesario corregirla con pequeños movimientos de la puntera de la caña.

Buen broche de oro. Los piques continuaron siendo semejantes. Pero como el viento aumentó, anclamos otra vez aunque más cerca de la costa, porque necesitábamos un reparo para mayor comodidad. El guía le permitió a Gabriel elegir el sitio para hacer el último intento. El joven distinguió unos palos semisumergidos y hacia allí nos desplazamos. Fue un acierto.

Nuevamente los piques resultaron inmediatos. Tanto el paternóster como las versátiles tenían mucho trabajo, aunque las últimas resultaron imbatibles, incluso con varios dobletes. Las carnadas más eficaces fueron la mojarra, enhebrada de cola a cabeza y dejando libre la punta del anzuelo, y el filete de dientudo, que no debía quedar mucho tiempo en el agua porque se lavaba y perdía efectividad. Cuando el pejerrey tomaba había que darle tiempo a comer y que hiciera una buena llevada para luego pegar el golpe de caña. La temporada recién empieza, pero Alsina ya se ubicó en el cuadro de honor.

Nota publicada en la edición 476 de Weekend, mayo de 2012. Si querés adquirir el ejemplar, llamá al Tel.: (011) 4341-8900. Para suscribirte a la revista y recibirla sin cargo en tu domicilio, clickeá aquí.

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